personas árbol (Hablulatorio)

HABLULATORIO

PERSONAS ÁRBOL






Hoy, en cuatro horas de avión, que podrían dar para mucho, leyendo a Ángel Gabilondo ("Contigo") -con quien paso muy buenos ratos-, me entretuve un rato y dio para lo que dio; me puse a pensar en la expresión 'crecimiento personal'. Ésta me llevó inevitablemente al regazo de algunas personas que por suerte conozco.

Así que, tranquilos, no voy a hablarles aquí de mi crecimiento personal y esas cosas que se me antojan pretenciosas y cursis (al menos en este momento).



El crecimiento que a mí me gusta es un movimiento en expansión -creo recordar que así lo llama Gabilondo- y, a su entender, se produce no solo en vertical. 

Por mi parte, creo que hay personas que crecen más hacia dentro, para sí, y es agradable acercarse a ellas, si son cordiales; las que no lo son dudo que hayan crecido sana o verdaderamente, o al menos yo no veo su esplendor (tampoco me apetece juzgarlas, quién soy yo). Me figuro que son más bien  de las que se entierran, así que será mejor no asirse a sus ramas.

Otras se mueven hacia arriba, prosperan y obtienen éxitos y fama, y eso no diré yo que está mal; se trata de un movimiento tal vez más externo o aparente que tampoco imposibilita el crecimiento personal, aunque pueda condicionarlo; pero lo cierto es que por el momento tampoco me interesan.

Luego, me imagino que estaremos las que buscamos ese crecimiento y goce interior como buenamente podemos, no sé si hacia dentro, fuera, arriba, abajo, o en tres dimensiones. Nuevamente tampoco éstas me ocupan ahora; bastante hago, por el momento, al intentar convivir conmigo 'cotidi-ama-mente'. 

O tal vez el crecimiento sea solo uno, expansivo y hacia el bien común. No lo sé. Lo cierto es que yo veo personas que crecen claramente hacia los demás, que tienen los pies en la tierra pero rozan con sus dedos el cielo, haciendo que las miradas se dirijan hacia él; y ésas son el objeto de mi pequeñita reflexión de hoy. Digamos que es mi breve homenaje a ellas.

Breve por ahora, pues lo mismo un día de éstos me plagio a mí misma y amplío la reflexión en otra parte o aquí mismo. Por lo pronto ya tengo una 'palabruta' (más arriba entre comillas y con asterisco), y...hmmm, ésta, 'asterisco', también me da mucho juego ¡Bueno, bueno, perdón por la digresión!, me cuesta resistirme a la fabulación lingüística, incluso cuando hablo de cosas serias.

                                

Decía que éstas, suavemente, sin aspavientos, extienden sus ramas a lo largo y ancho y nos cobijan de tal manera que allí se instala uno un buen rato, en el huerto de su amparo, sin importar qué suceda en el otro mundo. Ellas son como un reclamo en medio del bosque. A menudo estas 'personas árbol' son para los niños y los animales (perros, gatos,...) esos seres entrañables que siempre les tienen un detalle especialmente pensado para ellos porque ellas están en todo. Son esas personas hacia las que con frecuencia corren los niños con los brazos abiertos, en la absoluta confianza de encontrar un pecho mullido pero firme. Por las que los perros aullan al oírlas llegar y misteriosamente hasta barruntan su cercanía. Y sin embargo la energía de éstas parece no tener límites. 
Son atractivas sin pretenderlo y sin estridencias.  Una amiga mía me pregunta si no se trata más bien de una cuestión de carácter. Y no, no es solo carácter, pues conozco a personas de carácter expansivo y espontáneas, abiertas, alegres y agradables; y no son personas árbol. Creo que el carácter les puede ayudar a conseguirlo pero no es suficiente. Hay un trabajo personal muchas veces inconsciente. Yo veo en ellas una evolución. Aunque siempre estuvieron ahí, con un aura especial, sin embargo no siempre nos parecieron una referencia. Hay que decir que también la edad nos ayuda a valorar esos tesoros. Tampoco tener un carácter expansivo, dicharachero y abierto es una condición sine qua non. De hecho algunas no son espontáneas, sino más reflexivas, pausadas, incluso reservadas, aunque en cierta manera emocionalmente sabias y, en gran medida, empáticas.
Las personas árbol son las que, por ejemplo, intuyen a veces en la distancia cómo nos sentimos y de las que, en un mal día, recibimos un oportuno mensajito o una llamada preguntándonos qué nos pasa o, simplemente, cómo estamos, porque ellas intuyen que algo no anda bien. 
A menudo son aquellas que necesitamos muchos cuando la vida parece que se nos enrarece, pero también con las que deseamos compartir lo bueno que nos acontezca. Su mundo, que ellas permiten que sea el de todos, es tan amplio como aquel sofá que siempre anhelamos y nunca venden, porque con lo sublime no se comercia. 'Sublime' (de lo que sabiamente habla el escritor y filósofo Javier Gomá, estudioso de Kant y otros filósofos) es un concepto tan amplio y generoso como esas personas de las que hablo.   
Para que algo nos resulte sublime hemos de sentirnos seguros, decía Javier Gomá, puesto que la seguridad es un parámetro imprescindible para apreciar lo incomparable de su grandeza. Javier Gomá nos habla de los atardeceres, ésos que nos detenemos a admirar mientras, a buen recaudo, permanecemos  abrigados por espacios de luz y seguridad; por eso decía él que disfrutar del atardecer es un lujo moderado y moderno, y añado, simple y sofisticado a la vez; es discreto y requiere armonía. Todo eso lo encontramos junto a las personas de las que hablo, que tienen la magia de ser como antorchas para los demás, con un halo iluminador y al mismo tiempo humilde: difícil combinación. 
Ellas, que pueden ser hombres o mujeres -aunque suele haber más féminas- y pueden ser jóvenes o mayores; con cultura académica y sin ella, tienen sin embargo algo en común, aunque puedan ser muy distintas: Iluminan pero no queman o no deslumbran, como afirma otra amiga mía. 
Junto a las personas árbol se encuentra la fuerza que nos permite continuar y eso ellas parecen poseerlo a raudales, pues con frecuencia lo reparten a diestro y siniestro, lo mismo a hijos, que a su pareja, que a vecinos o que, incluso, a desconocidos. Su vivir tiene esa finalidad: dar, repartirse. En eso consiste su amoroso recorrido por la senda conceptual de la felicidad.

Y, sin embargo, estas personas  no parecen ansiosas por su crecimiento personal, eso no forma parte de sus prioridades, pero sí de sus ocupaciones. Su vivir es más espontáneo, permitiendo y participando del crecimiento de los demás con el suyo propio. Son personas que avanzan y favorecen el avance de los demás por amor. Es su gran contribución a este mundo. Dejan un campo abonado de humanidad, calidez y armonía y quién sabe si algún buen discípulo toma el relevo. Cuando ellas se van, si es que se van alguna vez, su luz sigue ahí. Las buscamos siempre en vida y serán nuestro foco cuando ya no estén en cuerpo. Su espíritu siempre nos sobrevolará.

Sin duda hay personas árbol. No perfectas, pero sí sublimes.
Yo he tenido la suerte de conocer a algunas y las ramas de algunas me cobijan.

Alma-amater© Trayecto Shanon-Tenerife Sur 20-08-2015

10 comentarios:

  1. Balbi, Alma-amater: me ha gustado mucho este texto generoso y sensible que no roza la cursilería, ni por asomo, y que, en cambio, dice mucho. Pero tu escritura me resulta tan refrescante que me dan ganas de seguir leyendo más, de saber más sobre esas personas árboles, aunque intuyo cómo son. Creo que yo también he tenido la suerte de conocer a algunas de esas antorchas, que tienen una luz tan grande que les da para ellas y para esparcirlas a su alrededor con gran generosidad . Enhorabuena por este escrito sencillo y sincero.

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    1. Gracias por tu generoso comentario. Probablemente hablaré más de esas personas árbol. Pensándolo bien, creo que ya lo hago, que están muy presentes en casi todo lo que escribo. Un 'abrachijjo'.

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  3. Personas "árbol" se encuentran a veces a la vera de nuestros caminos, una realidad a reconocer y una invitación a vivir. La metáfora del árbol dice mucho: la raíz, las hojas, las ramas, las flores, la sombra,...Un abrazo "arboleado" para ti,

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  4. En realidad te estas definiendo a ti misma sin darte cuente porque tu eres una digna heredera de Rosa tu madre que es el tronco que sustenta las ramas de tu familia y en la que ultimamente ha brotado alguna hoja nueva.

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  5. Me ha encantado leer tus reflexiones. Tu lectura envuelve y, como ya han dicho más arriba, entran ganas de seguir leyendo y leyendo.Hace poco terminé de leer un libro de relatos de una autora que me ha gustado mucho. Ella se llama Mariana Torres y su libro " El cuerpo secreto". Uno de sus relatos se titula " Árbol monstruo niño árbol". Simplemente me acordé de él cuando leí tu texto. Te lo apunto por si te interesa conocerlo. Un abrazo. Daniela.

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  6. Muchísimas gracias, Daniela Chaveli, por tu alentador comentario. Te agradezco mucho la sugerencia también. Lo apunto y lo busco. Un abrazo.

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  7. Muchísimas gracias, Daniela Chaveli, por tu alentador comentario. Te agradezco mucho la sugerencia también. Lo apunto y lo busco. Un abrazo.

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