yo misma (mi quinto relato )

 Serie: OPERA PRIMA

YO MISMA ©

Clotilde, exbanquera prejubilada de 55 años, ciertos días por la mañana, siente como un hormigueo y sale al jardín dispuesta a dejarlo impoluto, antes de dedicarse a aquello que más le gusta, y para lo que le sobra el tiempo, que es escuchar ópera e ir a la playa. Aunque lo primero lo va a seguir haciendo con sus cascos debidamente colocados. Vive felizmente en una zona residencial a las afueras del pueblo, sin mucha relación con los vecinos a los que apenas conoce, pues, entre otras cosas, la mayoría son extranjeros.

Ella, esas mañanas de pulcro arrebato, absorta en su obsesión por  dar digno enterramiento a toda naturaleza muerta de su jardín,  se pone los cascos para oír, entre tanto, alguna pieza operística y empieza con lo suyo, mientras le da vueltas a alguna idea trascendental sobre el sentido de la vida o sobre las tribulaciones del personaje protagonista de la ópera que esté escuchando. Hoy le tocó a Norma, de Bellini.

Clotilde, mientras barre y oye música, es ajena al bullir de la vida, de otras vidas que se afanan fuera de sus pensamientos.

Cierto es que las otras viven su ajetreada cotidianidad sin tiempo para planteamientos existenciales más allá de la supervivencia. Ese hervidero de idas y venidas una buena observadora ociosa, además de admirable, lo habría encontrado tremendamente interesante, aunque estresante, eso sí.
Cloti, no obstante, no se va a estresar. Ella no es una buena observadora de lo tangible. Vive y disfruta de lo que tiene, sin pensar demasiado en que hay vidas, aunque insignificantes, más allá de su ópera  y su sosiego.
Allá, en cambio, todas trabajan, van y vienen diminutas en un frenético fluir de cuerpos oscuros y miméticos en los que casi nadie repara, ni tan siquiera ellas mismas- no es de extrañar que no lo hubiera hecho Clotilde-. Eso de pensar en ellas mismas es un lujo fuera de su alcance. Tan solo son como los miembros de un coro operístico donde no tiene cabida la diva.

Mientras tanto, Cloti empieza a escuchar el aria Casta Diva interpretada por la que a su juicio es la voz de las voces, María Callas; habría que verle la cara de 'ida' que pone mientras disfruta de la cuidada instrumentación y  riqueza melódica de Bellini, al más puro estilo belcantista…

Y todo esto con un escobillón en la mano.
¿Qué mejor inspiración, para arrasar con todo lo que pilla a su paso, que la temperamental Norma?

De esta guisa Clotilde barre inspirada, con energía, las hojas muertas, a falta de las hojas de muérdago que inspiraban a Norma, la druida sacerdotisa de Bellini. Cloti siente lástima por ella y por su difícil condición de lideresa, sometida a un juramento de castidad entre los druidas, como sacerdotisa suprema de su dios, Irminsul; este juramento  la obliga moralmente a autorrepudiarse por haberse enamorado del cónsul romano Pollione y haber consumado su amor. Norma se debate entre su pasión amorosa y su deber hacia la comunidad druida. ¡Qué tormento!

En algún momento dos terribles dioses -piensa-, uno druida y otro romano, habrían emprendido un desafío  de funesto final. Las víctimas: Norma y Pollione. ¿Cuál de los dos dioses vencería? ¿El druida Irminsul o el romano Cupido? Si ganara Irminsul, sería la salvación en vida para Norma, seguiría siendo la sacerdotisa suprema hasta su muerte natural, pero a cambio habría ganado la eterna condena del olvido, pues nadie habría oído hablar de ella más allá de su muerte y no se habrían escrito tragedias, ni libretos [ni relatos].
Si ganara Cupido sería la condena en vida para Norma, pero habría ganado la eterna salvación a través de la memoria,  de la gloria y la fama, que con las alas del tiempo atravesaría  las densas capas de las generaciones, abrigo sempiterno para su amor.

Clotilde, sumida en estas reflexiones, se dijo: soy una romántica empedernida. Espero que no se me note mucho, que ya no tengo edad.

Pollione (el chico de la película),  el duro conquistador romano, cayó víctima de las flechas doradas del dios ganador, el temible Cupido. Dos veces lo asaeteó Cupido,  se enamoró de las dos sacerdotisas galas -primero de Norma y luego de Adalgisa-, que habrían de ser su ruina y su salvación. Su ruina en la tierra gala, pero su salvación a través de la literatura y del sublime canto.

Clotilde entonces pensó cuán ridículas pueden ser a veces las figurillas humanas en los mitos, en las tragedias, ..., quienes, creyéndose importantes a la hora de tomar decisiones, sin embargo ignoran que son simples marionetas cuyos hilos manejan a su antojo los inmortales de las alturas. ¿Acaso no nos sucede lo mismo a nosotros en la vida real? ¿Acaso no es todo esto un gran teatro? ¿Una escala en medio del universo?-pensó en un intento fugaz de aterrizar en la vida de los demás, además de en la suya propia.
Luego consideró si Bellini se habría hecho las mismas preguntas que ella, o más bien Felice Romani, autor del libreto. O incluso los autores de la tragedia, en la que se basó el libreto: la fuente primigenia que probablemente nunca soñó desencadenar la catarata de emociones que provocaría un día en La Scala de Milán su más excelsa intérprete, la diva de la ópera, María Callas.

Sigue barriendo y, mientras lo hace, va avanzando por la tragedia con las flechitas dobles a la izquierda del play de su aparato, justo hasta el momento en que a Norma se le complica aún más su tormento al enterarse de que Adalgisa, la otra sacerdotisa, era amante, también secreta, de su romano Pollione.

Clotilde, justo en este punto, se cuestiona qué distingue verdaderamente a una heroína. No sabe aún qué concede a Norma semejante categoría, y eso que la ha escuchado muchas veces, pero sin tanta inspiración como hoy ; ¿será que le va a bajar la regla y por eso está tan sensible?

Se contesta entonces con otra pregunta: "¿será por su papel de sacerdotisa?" "Pero no", añade. Pues, si así fuera, también Adalgisa le parecería digna de tal consideración, y no, no le parecía ésta una heroína por el hecho de ser una sacerdotisa...¡Menudas tonterías se me ocurren!, se dice.

Y todo eso, con un escobillón en la mano.

Ya tiene casi todo el patio barrido, apenas le queda un cuarto del mismo y habrá cumplido su objetivo.  Volvió a sacarse el aparato electrónico de un bolsillo y colocándolo de nuevo a la distancia suficiente como para poder verlo sin gafas, a la altura de las ingles, pulsó sobre las dos flechitas y adelantó la dramática escucha hasta el momento crucial de la obra.

Allí, la Callas (Norma) estaba gloriosa. Franco Corelli (Pollione) espléndido, aunque subyugado por la diva sacerdotisa inundada de voz.

Aquella era la grabación de Norma, por María Callas, que más le gustaba a Clotilde y, aunque era consciente de que no era la mejor -en opinión de los expertos-, sin embargo ella prefería ésta, en que Callas canta con  Franco Corelli, antes que aquella de dos años antes, cuando la cantó con Mario Filipescci. Dicen que ella allí tenía la voz más fresca. ¡Bah, paparruchadas!, se dice.

Cloti se emociona, mientras escucha a Pollione  revelar su sueño al centurión, en la pieza  "Meco all altar di Venere". (En la pesadilla de Pollione, Norma, despechada, le arrebata  del altar, ya en Roma, a  Adalgisa, que iba a ser su esposa, y de la que ahora estaba profundamente enamorado).
Pollione teme que Norma, al enterarse de su infidelidad, caiga sobre la inocente Adalgisa como un rayo furiosa, por eso tiene pesadillas y por su mala conciencia, por su traición hacia la mujer que se lo dio todo, todo el honor de su pueblo.

Clotilde, entonces, ralentiza el cumplimiento de su objetivo - acabar de barrer-, para enjugarse las lágrimas. ¡Jo, hay que ver, qué sensiblera estoy hoy!-piensa-, pero es que Corelli aquí está insuperable.

Las otras, por su parte, no se plantean cuál es el objetivo de su trabajo, más allá de entregarse unas a otras en la más perfecta y armoniosa simbiosis; ni siquiera tienen tiempo de planificar sus tareas, y misteriosamente son eficaces a la hora de afrontar y resolver sus problemas, porque el secreto está en la colaboración, por eso, las pobres, en condiciones extremadamente imposibles, a menudo sobreviven, pues el bien de la comunidad no es algo secundario para ellas. Los retos más extremos no suponen un problema insalvable. Tienen la capacidad de asumir situaciones límite con flexibilidad y sobreponerse a ellas. Su resiliencia potencia su felicidad. ¡Ah, no!, felicidad no, pues ellas no saben si son o no felices. Su supervivencia.

Conforman una comunidad inteligente. No hay ni tiempo, ni espacio para protagonistas ni heroínas; bueno, en algunas comunidades hay una reina, claro, en todos los sitios las hay. Pero tampoco es que ésta tenga un papel extraordinariamente mediático, sino más bien funcional y conste que si tiene que sacrificar su vida por las demás también lo hace, sin que ello la convierta en una heroína, ni para ella misma, ni para las demás; se trata de un regicidio necesario pero involuntario, está en sus genes; es sencillamente algo natural, naturalmente inteligente.

En su mundo, Clotilde se da cuenta de que Norma se ve impelida a velar por el bien de la comunidad. ¿Cómo se sentirían los druidas al enterarse de que ella los ha traicionado entregándose a los brazos del conquistador romano? Pero tampoco puede dejar pasar la traición de los amantes.  ¡Un momento!, tiene una baza, Adalgisa, la otra sacerdotisa, puede ser acusada de alta traición, por el mismo delito que ella no está dispuesta a confesar. Si lo hace, si delata a Adalgisa, ésta será quemada viva; así ella obtendrá secreta venganza de la traidora de su confianza y del amante infiel.

En su sociedad, como en las sociedades humanas tradicionales, en general, los líderes tienen esa potestad: tomar decisiones importantes. ¿Quién iba a atreverse a cuestionarla? ¿Quién se atreve a enfrentarse con el poder humano y divino a la vez?
Clotilde pensó que tal vez por eso los grandes jefes de las tribus -de los que tenía noticias a través de los documentales de la 2 y de la National Geografic- eran los chamanes. Y que, también por eso las grandes religiones del mundo se aferran al poder. Lo que Dios quiere, bien está.

Las otras habitantes, en cambio, no tienen líderes, no los necesitan; cada una de ellas aisladamente no sería nada, si no pudieran contar con la ayuda de las demás, madres, hermanas, amigas, vecinas, todo vale. Unas a otras se matan el hambre en casos extremos; cuidan a los hijos de las otras para que las madres puedan ir a trabajar. Los vigilan en los parques y les procuran la merienda, y los mantienen a salvo de los depredadores de todo tipo, que gustan de ir por estos espacios, donde saben que hay seres inocentes y vulnerables, por si pueden pillar a alguno.
El colectivo las arropa, sin necesidad ni de jefes, ni de leyes, ni de reuniones previas. Todo funciona así, como si dijéramos a golpe de teléfono: tengo una necesidad, me la cubres; tienes una necesidad, te la cubro. Se podría llamar autoorganización espontánea.

Norma, por su parte, sufre el enorme peso del liderazgo, toda la responsabilidad, el honor y la salvación de su tribu sobre sus hombros, pero también siente el peso insoportable de su conciencia.

Resuena el metal en toda la fronda. Es Norma la que lo hace resonar en el bosque, bajo la sombría encina del dios; es el dorado bronce, la cita es ineludible… Los druidas acuden. ¿Estará ya dispuesto el dios a dar la señal de ataque a los romanos? Llevan tiempo esperando la orden de ataque, pero Norma intenta retrasarla. Ama a Pollione y no quiere la ruina del padre de sus dos hijos. Lejos están los druidas de saber el motivo del ronco resonar del escudo divino: Norma va a delatar a Adalgisa.
Les anuncia que hay una traidora, cuando le asaltan las dudas antes de pronunciar su nombre...

Por un lado piensa que ésta se lo merece por su competencia desleal, pero por otro...
Preguntan de nuevo los druidas por la traidora. Norma responde que es alguien impuro e indigno y, a punto ya de pronunciar públicamente el nombre de Adalgisa, cambia de idea. Toma una decisión justa en el preciso momento en que hay que tomarla.
Fue en ese instante cuando Clotilde, aunque había escuchado muchas veces esa aria, comprendió qué es lo que de verdad convierte a alguien en héroe o heroína.

Norma, cuando su padre, Oroveso, y el coro de druidas le preguntan cuál es el nombre de la traidora, pudiendo responder "la traidora es Adalgisa", se pregunta cómo va ella a acusar a alguien de haber cometido el mismo delito que ha cometido ella: " Io rea l’innocente accusar del fallo mio?"
Y a la pregunta de los sacerdotes  "¿quién es ella?, Norma, con el arrojo y decisión que siempre la habían caracterizado contesta: "io estésa" (yo misma).

¡Claro!, pensó Clotilde, ¡eso es exactamente, lo que distingue al héroe!: tomar una difícil decisión en beneficio de alguien ajeno o de una comunidad, sabiendo que eso implica el sacrificio personal.
Se trató de un regicidio necesario pero voluntario.

Norma fue llevada a la hoguera, con la terrible consternación de su propio pueblo ejecutor, pues sabía que, pese a la traición de ésta al juramento, condenaba a una reina de la honestidad.
El mismo Pollione, al ver la generosidad de Norma hacia Adalgisa, cayó nuevamente enamorado de Norma, y tomó la última decisión de su vida. Sabía que iba a ser condenado, pero acudió  a consumirse con ella en la misma hoguera y en un fuego más abrasador y, desde luego, más aterrador que el que les había dado dos hijos años antes.
Fuegos fatuos aquellos que desencadenaron  este infausto final.  Aún así fueron felices en esos breves instantes.

Ya estaba prácticamente todo limpio, solo quedaba un último reducto, el espacio que quedaba entre la maceta de geranios y el parapeto que salvaba los dos niveles del patio de su jardín. En el momento del final de Norma, Clotilde, consternada por la pena, y no pudiendo hacer otra cosa por la heroína que acompañarla gestualmente con una rabia domesticada, dio un manotazo con su escobillón, y arrasó con toda la colonia de hormigas que allí se había establecido. Las recogió con la pala junto con todas las hojas secas y las lanzó a la bolsa de la basura. Luego volvió a enjugarse las lágrimas.

¡Qué pena! No se merecían ese final porque entre éstas nunca hubo competencia desleal. Ante un problema, sencillamente escaneaban inmediatamente todas las opciones y tomaban la decisión más inteligente. Cada una valía lo que la espartana comunidad decidía en función de su aportación, por eso ninguna escatimaba esfuerzos en ayudar a las demás. De ahí su fortaleza. Todo lo que se da se recibe y viceversa. Se cierra el círculo. Las relaciones se basaban en la confianza, como los mercados internacionales, con la salvedad del justo reparto, por igual, de los beneficios. Toda decisión individual, por pequeña que sea, afecta a la generalidad.
Sin embargo, no por perfecta dicha comunidad, deja de estar expuesta a los peligros externos y, como sucedió con la Atlántida, un cataclismo acabó con su estructura. Llegó del cielo en forma de negruzco e hirsuto vendaval. A partir de ahí todo fue oscuridad, griterío, llamadas desesperantes de socorro y, finalmente, la muerte por asfixia. Dicen, no obstante, que alguna consiguió huir por algún resquicio. Siempre alguna lo consigue. En la naturaleza la infalibilidad no es un parámetro de la perfección, sino la capacidad de supervivencia.
Y así fue como tan inteligente comunidad, un hormiguero, fue arrasada por invento tan poco edificante: un escobillón. 

Clotilde casi ni reparó en ello. 
                                                                      Alma-amater©2015                                                                                                                                                                                                                               

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  • El primer enlace es un monográfico de la Cadena Ser (Play Ópera), no sin clave humorística, (de posterior emisión a la creación de mi relato, casualmente); te ilustrará, sobre la historia completa de Norma y te divertirá. Incluye entrevista a Plácido Domingo:
http://sdmedia.playser.cadenaser.com/Podcast/2015/8/8/cadenaser_playopera_20150808_150000_160000.mp3

17 comentarios:

  1. Relato precioso. Muy bien escrito y una historia muy conmovedora. Además, se me despertó el interés por saber más de Norma. Buscaré información sobre ella y a ver si oigo la ópera. ¡Felicidades!

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  2. Muchísimas gracias. Me alegro de haber despertado esa curiosidad. El personaje y la intérprete o intérpretes, porque ha tenido muchas, lo merecen.

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  3. Muy imaginativo , ocurrente y muy bien escrito.Me ha gustado mucho.

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  4. Muchas gracias. Tengo buenos maestros

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  5. Esta danza entre la mujer que barre el patio, y piensa en las otras mujeres, eso pensaba yo, ¡ eran las hormigas!,... y el drama de Norma, la heroína, me ha mantenido en suspenso todo el rato ¿Qué es lo que define al héroe o a la heroína? Una solución suprema, de cara a la conciencia, con sabor a verdad y a justicia, aún a costa de la propia vida. Relato con un toque paródico, feminista y final catártico de lágrimas y berrinche. Gracias, Balbina, excelente, así si vale la pena barrer.

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  6. Muchas gracias. Preciosas tus palabras.

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  7. De tu quinto relato, que no había leído, me quedo con la frase: "Fuegos fatuos aquellos que desencadenaron este infausto final". Me emocioné leyendo esta obra de arte literaria.¡Muchas felicidades! ¡Cada vez te admiro más y me considero super mega fan tuyo! En serio, publica o autopublica ese libro ya... ya sabes que en casa unos cuantos ejemplares compraremos jajajajaja. Abrazos XOXOXOXOXOXO

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  8. Muchísimas gracias, David. Esto ha sido un chutazo considerable para la autoestima. Muchísimas gracias, querido David.

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  9. Yo también suelo abstraerme en universos propios o ajenos cuando desarrollo tareas puramente rutinarias. Estupendo relato y estupendo el giro final. Una vez más tu curiosa mezcla de sensibilidad e ingenio logra sintetizar un buen resultado. Muy bien.

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  10. Muchísimas gracias, Manuel, aunque parece que me quedo corta con esa expresión de agradecimiento, que no por muy manida deja de ser cierta. Tú me sigues y lees desde hace tiempo, y, mejor aún, comentas dentro del blog, lo cual lo agradecemos muchísimo los blogueros aún no sé si por vanidad, por inseguridad o por pragmatismo (la gente cuantos más comentarios ve más se anima a leer), o por los tres a la vez en según qué circunstancias. Un fuerte abrazo, amigo.

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  11. Muy original...¡Lo que algunas pueden hacer barriemdo! ...Voy a leerme la entrevista a Plácido Domingo, para conocer a Norma y comprender mejor a Clotide......¡¡¡Gracias por escribir mientras barres!!! Un abrazo, Cora Lin

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  12. Cora, el personaje de Norma en esta ópera a mí me pareció fascinante cuando lo conocí, y cuando conocí, con posterioridad, la interpretación de María Calas, se me quedó prendido de tal manera que desembocó en esto que has leído. Así que me alegro de que te haya parecido original, siendo, por otro lado una tragedia lírica ya conocida.
    Un abrazo grande para ti.

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  13. Que maravilla, con que sencillez nos llevas a la ópera o a barrer el patio y quitar las hojas secas. Porque leerte es vivirlo, y el detalle de las hormigas esto ya ha sido lo mas. Eres un cielo, no puedo decir otra cosa, sigue así corazón. Un abrazo!!!

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  14. Lo que es una maravilla es encontrarme con un comentario tuyo, Mary. ¡Qué subidón me das y me dan todos! Un abrazo muy fuerte, querida.

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  15. Menudo relato, todo un artículo!! Muy bien descrito, es conmovedor, a ver si puedo leer con más calma tus ultimas entradas y puedo deleitarme con esta ópera. GRACIAS!!

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  16. Querida Estefanía, qué alegría me da cuando te veo por estos lares. Entra cuando quieres. Gracias por advertirme de tus visitas y comentar. Un abrazo grande.

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Agradezco tu comentario en el blog, con la ilusión de no ser la única alma que pulula y ulula por aquí. Una palabra tuya bastará para 'samarte'.