Mi mundo raro (mi segundo relato)

El presente relato, surgió porque un grupo de amigos aficionados a la lecto-escritura me invitó a participar en un blog creado al efecto. El juego consistía en abrir un diccionario por una página al azar y elegir una palabra. Luego cada miembro del grupo debía elaborar un relato -tomando como punto de partida esa palabra elegida- y colgarlo en el blog. La palabra elegida esta vez fue "cañaveral". Y así fue como pasé del gateo (1ºrelato) a los primeros pasos en mi 'aficción', pues este fue mi segundo relato.
                          
                                                  Mi mundo raro ©
(Todo parecido con personas reales o ficticias es producto de la necesidad)

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Querido tío:
          Seguramente nunca has sabido lo decisivas que fueron tus cartas en mi vida. Por entonces yo no comprendía cómo se podía poner un nombre así, como el mío, a un hijo; ahora sí lo comprendo, presagiaba una  constante en mi vida, el agridulce balanceo entre el temor y la admiración por ellas. Desde la niñez me atraen poderosamente todas, pero como en un cañaveral mi mente se perdía en muchas ocasiones, y pronto supe que mi vida estaría regida por esa sed insaciable de conocerlas y de vadear sus obstáculos, como caña suavemente mecida, sin temor al olvido o al rechazo en su enmarañado mundo, cenagoso en ocasiones, triste en otras, en algunas jubiloso y en cualquier caso siempre rodeado de misterios.

Cuando oía leer a mamá, comprendía que las había para todos los gustos: gordas y grandes, plácidas y placenteras, ruidosas o sutiles, dulces y acertadas, fáciles o difíciles. Tendenciosas, oportunas, edificantes, verdaderas, creíbles, inefables, temerosas como yo y temibles y seductoras como esos cañaverales que tú, tío, nos describías. Al menos esa es la idea que me había formado de éstos  desde la niñez, cuando mamá nos leía a mis hermanas y a mí -a la luz de las velas y al calor del fogón de la cocina donde se hacía el guiso- las cartas que tú nos enviabas desde Cuba. Contigo aprendí, tío.

Me aprendí todos los detalles de la casa en la que vivías -no sé si aún-, cerca del cañaveral al que acudías con el ganado, y donde mantuviste más de un encuentro inconfesable, o al menos lo imaginé yo así. Es que... ¿sabes qué pienso, tío?, que la realidad no es solo una, sino una y muchas a la vez, tantas como observadores o protagonistas, y lo que tú nos contabas de tu Cuba yo lo revivía y lo  interpretaba a mi manera, como todos. Me apropié de dichas historias, imaginarias o no, haciéndolas 
mías para siempre, fascinado por aquel lenguaje que ya usabas, evocador de olores, sabores y ritmos de la lejana y tan próxima isla caribeña. Me llamaba la atención que no fueras pudoroso, al menos habías dejado de serlo desde que estabas en Cuba; tal vez allí no había tanto tabú religioso. En tus cartas, sin ser del todo explícito, las mencionabas levemente, lo que añadía más poder a tus relatos y así fue como poco a poco fue creciendo en mí la fascinación por ese mundo raro y comprendí que algún día te escribiría sobre todas ellas y esta fiebre de obsesión. El momento ha llegado.  En mi vida  las encontré de todo tipo y, aunque a veces escuché aquello de que todas eran iguales, nunca lo entendí, ni siquiera ahora. Desde temprana edad,  bajo el cálido abrigo de la lectura con mamá y las hermanas, descubrí que yo no quería poseerlas, quería gozar con ellas, embriagarme y que ellas también lo hicieran sin más, lo cual me trajo desasosiegos varios. Así que su complejidad es tal que qué menos que hacerlas visibles:

1*.Andando los años, aprendí que a unas, desde que nacieron, o tal vez desde los pocos años, se las usó con intenciones dudosas. De esas, muchas han sobrevivido aunque maltrechas. Ahora sé que la psicología, que se ocupa de las almas, y la filología, a la que he dedicado muchas horas, les tienen reservado un nombre a éstas, a las abducidas, lo mismo que a  los 'sicopatas verbicidas' que las seducen, incautas, y no cesan de recortarles sutilmente las alas por acá o por allá hasta dejarlas desvalidas y desenraizadas, sin magia, como hadas sin varita o secas como higos, como diría la 'sicología'; descubrí además  que es difícil coger in flagranti a los malhechores, es más fácil cogerlos in fraganti, perfumados; lamento que la pérdida de identidad que ellas sufren sea avalada en muchas ocasiones hasta por los tribunales que, lejos de propiciar que se les restituya lo que es suyo, se limitan a ratificar los hechos consumados. Ni su propia madre las reconocería. Y sí, siguen ahí pero desvitalizadas en aras de esa pseudomodernidad. Por lo que a mí respecta, me afano en intentar devolverles su esplendor y tratarlas como merecen.

2*. Desafortunadamente, también he conocido a las desahuciadas a las que el paso del tiempo no perdonó . He visto como recibían todo tipo de agravios, que si primitivas, que si anticuadas, que si desfasadas;  o sencillamente no se las invitaba a nada y, poco a poco, se iba haciendo mella en aquel esplendor de antaño de modo que perdieron su lozanía y ‘fermosura’; primero deprimidas y sin fuerzas luego, y, esfumada la   esperanza de imitación o retorno a la frescura de la juventud,  desaparecieron del escaparate 'inmediático' y ni en los diarios, ni en las plazas se las menciona ya, y, moribundas, si acaso en alguna biblioteca o estudio biográfico quedan fragmentos de su vida y obras. ¿Para qué recordarlas?, hacerlo sería sólo un modo de evidenciar que aquellas ya son sólo eso, recuerdo. El procedimiento a seguir ha sido variado aunque con frecuencia se les hace una especie de juicio sumario y allí, sin previo aviso ni tiempo para reunir sus pertenencias, se las somete a  preguntas para, de todas maneras, arrojarlas de su casa de siempre, siendo condenadas casi al destierro definitivo a su arcaico mundo, donde les aguarda la parca inexorable; entonces nadie se apenará por ello, ni ellas mismas, pues llevan muriendo desde que nacieron. Yo confieso que sí lo lamento, ¿deformación profesional?...

3*.  Algunas con más contactos y posibilidades se resisten al paso del tiempo acudiendo a clínicas de estética o algo así. Desnudas  se las observa impúdicamente para delimitar aquellas partes a las que aplicar el bisturí. Se las revisa bien y se les administra algún suplemento en casos de necesidad, esto es, un poco de bótox por acá o por allá y... ¡como nuevas! Muchos dirán que parecen máscaras, que han perdido la movilidad de sus músculos faciales, que ya no son ellas, pero yo no comparto esa razón pues cuanto  menos ellas quieran parecer, más ellas serán. Éstas me resultan muy curiosas y tengo el convencimiento de que en realidad no van de engañar a nadie, son lo que pretenden ser.

  4*. Otras, aunque de nacimiento vulgar, sin ser especialmente  queridas ni mimadas, su autoestima siempre ha estado a salvo. Sufrieron avatares, ¿cómo no?, pero se mantuvieron ancladas y dóciles, si bien firmes como juncos, y siempre recobran su vigor. Son autónomas y pese a que algunos las consideren vulgares porque decidieron vivir como piensan, entre los suyos de siempre - para no correr el riesgo de pensar como viven, con envidiable esplendor-, poseen, a mi entender, la sabiduría de la sencillez, que no es otra cosa que la inteligencia cuando pasa a mejor vida. Son las insumisas e independientes sin aspavientos que  por una suerte de genio congénito sobreviven a todo tipo de vicisitudes, que las hace mucho más respetables, convirtiéndose por derecho propio e inalienable en venerable patrimonio de todos.  Tú, tío, las mencionabas mucho en tus cartas, mi primer y fascinante encuentro con la ficción.

5*. Tuve ocasión de tratar con las cultas.  Son elegantes y finas. No se relacionan con cualquiera y no es porque no quieran, no por escrúpulos clasistas; más bien los escrúpulos los tienes los otros o... ¿las temen, acaso, por haberse criado y creado entre libros? Tal vez, pero siendo lectoras empedernidas, la guerra de los mundos para ellas queda reducida al espacio literario, no hay nada que temer, son maravillosas. Es su condición de ministras de la cultura y acostumbradas al requiebro intelectual, nunca traicionan sus raíces. Siempre hacen lo que se espera de ellas. Saben quedar bien y desde luego a mí me atraen particularmente, pues la arrogancia que muestran, con frecuencia, no es más que la evidencia de un temor, ¿su temor al olvido?; la verdad es que en sus reducidos círculos literarios tampoco hay nada que perder ni temer. Nunca arriesgan nada. Las motiva su cuna, haber nacido ahí no es un mérito aunque sí una suerte al alcance de muy pocas y ¿por qué no beneficiarse de ello?, total..., ¿a quién perjudican?

6*. En un estadio anterior se encuentran las diletantes que quieren imitar a las anteriores sin llegar a su estatus, ¡ni en siglos que lo intentaran!- le oía decir a una de las cultas y elegantes en alguna ocasión con cierto retintín. Es más, cuanto más tiempo dediquen al intento de alcanzarlas, más difícil el éxito. Se lo impide su nacimiento a medio camino entre las vulgares y las cultas. ¡Pobres!, son un colectivo escaso y, por tanto, envidiadas por las de abajo y despreciadas por las de arriba. Las llaman las 'semis'. A ellas no les importa tanto, incluso se permiten el lujo de lamentarse de la edad, de los estragos que los años dejan en la piel, pero lo hacen amparadas en esa especie de falsa modestia que algunas tienen de saberse no muy desportilladas por los años.

7*. Su mérito tienen las listillas, que han vivido una doble vida aprendiendo a lidiar y litigar con lo que sea. Manejan las claves para penetrar en la alta sociedad, pero no dejan de  evolucionar ganándose además un espacio entre  las vulgares. Lo cierto es que, acostumbradas a guardar las apariencias, poseen, como te he dicho, la llave para abrirse camino en cualquier contexto. No es que haya conocido a muchas, pero con ellas aprendí que puede un verso ser más dulce y más profundo.

8*. No quiero olvidarme de las prestadas, las prostituidas o las viajeras y  dispuestas a buscarse la vida en cualquier país; en su viaje han aprendido que o se aclimatan o se 'aclimueren'. Dicen que siempre las hubo y que su profesión es la más antigua de la historia.  Y como quiera que alguien les dijo que lo contrario de la vida no es la muerte sino el sexo, ellas se lo han tomado a pecho y sin rebozo, conocedoras de sus orígenes, se muestran orgullosas y desafiantes, saben que algunas de ellas como las otras elegantes y cultas, tienen  una antepasada común allá en el Lacio  llamada Luperca, la loba del Capitolio. ¡Que nadie se mofe!, no en mi presencia. Tú me enseñaste a amarlas, tío, sin saberlo. Era evidente que sentías fascinación por ellas, las mencionabas en tus cartas, sin ser muy explícito ni repitente, desde luego; mamá no lo habría tolerado. Yo te imaginaba escribiendo sobre las mismas, amenizado por algún bolero que desde el fondo, desde algún gramófono, llegaba hasta ti, recorriendo una larga y calurosa sala, aliviada escasamente por las largas aspas del ventilador de techo; te imaginaba así repeinado y con tu guayabera recién planchada, en drolático encuentro con ellas, al sorbito de una copita de ron, que tú mismo decías filtrar de las mejores cañas de la hacienda estatal en la que trabajabas, así te imaginaba. 
He tenido, tío, por desgracia, más oportunidad de contactar con éstas de piso elegante, talle esbelto,  trabajadoras incansables de la seducción y amantes de los viajes que, sabedoras del atractivo exótico de las extrajeras, serpentean con sigiloso contoneo por los ambientes futbolísticos, publicitarios, políticos, empresariales y así, majestuosas, también por los espacios de la realeza -nuestra reciente 'majestctomía' me permite hablar con más libertad-,  sin pudor, escalando cotas de poder, como reinas, del mambo, y amantes políticamente muy correctas, usurpan el puesto a las legítimas, que con resignación se limitan a sus funciones;  y aquéllas allí se instalan, quién sabe si de por vida.  Digamos que son la perfecta muestra de cuando la discreción se convierte en algo ostentoso, ¿o viceversa? Tengo y he tenido , como te he dicho, la oportunidad de contactar con ellas en mi vida de estudiante de Filología y ahora también, están por todas partes; por tanto he comprobado cuán bárbaras y contaminantes pueden llegar a ser. Las considero innecesarias y, la verdad, prefiero a las de aquí, aunque sé que lo mío es una rareza.

9*. Las lugareñas, te decía. Pues bien, éstas son fantásticas. Te lo digo con todo el respeto del mundo hacia las otras, tío; ellas han sido mi hilo de Ariadna, han unido los puntos cardinales de toda mi vida, y ordenado el tanganillo de mi existencia... lo que éstas me evocan tiene tanto que ver conmigo, con mi infancia, con la familia, con el barrio...¿Lo recuerdas? Ha cambiado mucho desde que te fuiste, ahora está lleno de extranjeras. Y no tengo nada contra ellas, ¿eh?, incluso te diré que algunas llevan aquí tanto tiempo que uno acaba viéndolas como del país, ¿pa' que te voy a mentir? Así que no quieras ver en mí nostalgia de otro tiempo, de hecho creo que cuando una lleva tanto tiempo luchando, amando, sufriendo y, en definitiva, viviendo en un lugar, llamado mundo, tiene derecho a reivindicarlo como suyo, y una vez que son del país, pues... lo son y me gustan. Yo al menos creo que me las ajeito mejor con aquellas. No obstante, tío, tú ya sabes de mis rarezas. Me reconozco especial en esto. No todos por aquí son como yo.

10*. ¿Y qué decirte de las brabuconas,  lenguaraces y descaradas que se creen con  derecho a calificar a todo quisque? Que están por todas partes. Me gustan, no puedo evitarlo; yo creo que me van las cañeras, a pesar de que van emitiendo juicios de valor a diestro y siniestro. Hay que decir a su favor que siempre intentan quedar bien, acoplándose al género acompañante. De éstas, querido tío, también nos hablabas en tus cartas. Se ve que abundan en todas partes.

11*. Pero yo adoro  las cosas que nos dicen las que adoptan posiciones delanteras; están convencidas de que sólo haciéndose visibles, pueden transformar los pareceres de sus acompañantes, a los que deben persuadir, desde sus posiciones privilegiadas, para que entiendan que ellas no están siempre 'contra ellos', sino 'con...', 'por...', 'desde ellos', pues juntos pueden sumar y complementarse.

12*. Aquí como ahí, tío, casi todas gustan de los adornos llamativos tipo pendientes, collares, abanicos, peinetas... Les procuran carácter acentuando sus puntos fuertes o las posibilitan incluso para ocupar lugares a los que en otras ocasiones sólo llegan como acompañantes de honor con carácter más o menos  determinante. Son capaces de llevar todo tipo de aditamentos aunque las dejen, dudosas,  excitadas, incómodas, inseguras, ..., pero da igual, para ellas son signos de distinción. A algunas llevar peinetas en ocasiones las hace sentir más patrióticas y españolas que  un buen jamón ¡Que víva España!


13*. Por otro lado, las floreros -con las que me solidarizo entre otras cosas por su apodo-, que haberlas haylas aquí también, tío, se comportan como azafatas de congreso y son colocadas en variados lugares porque constituyen un atractivo complemento, en según qué circunstancias temporales, espaciales, ... Las verás, pivotando como satélites en torno a núcleos respetables, como atraídas por su centro de gravedad. ¡Ay que ver qué predicamento tienen algunos!

14*. Esos núcleos, atentos a cualquier desafío a la lógica newtoniana,  atraen a todo su alrededor y tratan con todo tipo de sujetos, aunque, en ocasiones pueden prescindir de esos sujetos y de las satélites a la vez, como solitarios lobos aullando en medio de la tormenta:  llueva, truene o relampaguee. Las más de las veces transitan de acá para allá buscando un objetivo fácil, directo, y si no lo encuentran, esperan a que les caiga uno indirectamente, de rebote; o reflexivamente aguardan su propio momento, buscando clandestinos encuentros  para la entrega recíproca. Gustan de predicar para que todas los oigan y les hacen proposiciones de todo tipo, aunque a veces copulan con las dotadas de más  atributos. Arrogantes por naturaleza,  se muestran casi siempre activos, pero, como en todo,  hay algunos más holgazanes, más  pasivos. Para bien o para mal, todas ellas, vulgares, diletantes, cultas, etc., con ellos suelen concordar sus decisiones o cambios de parecer, si no quieren ser consideradas discordantes y antisistema y perder su puesto. He de confesarte que no queda más remedio que aceptarlos.

15*. Conste, tío, que aquellas de las que te voy a hablar a continuación, me disgustan tanto como el mismo lenguaje utilizado para describirlas: Dicen  'reinventarse' cada día, 'reciclándose' si hace falta, y en aras de un moderno 'emprendimiento', 'ponen en valor' sus escasas cualidades, 'priorizando' algunas y cuando la ocasión lo requiere, 'resetean' para ofertar algo diferente en algún 'evento' 'a nivel' de trabajo, 'en base' a sus conocimientos y para solucionar toda esa 'problemática' se 'ponen las pilas' cuando es necesario. Con éstas no puedo, tío, no puedo, hasta me producen urticaria cuando hablo de ellas; no las aguanto y, lo peor, están por todas partes a pesar de que pueden ser fácilmente prescindibles.

16*. Creídas, crédulas e incrédulas, tío,  muchas sienten la llamada de la oración, como atraídas por esa especie de místico encuentro comunitario, donde saben, deslizándose en silencio entre la muchedumbre, que anónimamente todas encuentran un lugar de manera cómoda -en el mundo exterior es diferente, allí casi todas parecen estar siempre buscando su sitio y es agotador-; extraña y dura condición la suya. De alguna manera la oración, como le ocurre a mamá y a las tías, da sentido a su existencia y pone fin a esa búsqueda incansable. Pero, tío, creo, y te lo confieso ahora que ya se ha ido mamá -que en paz esté-, que, lejos de lo que cabría esperar, en estas ceremonias hay también mucho de erotismo, de cópula, y hierven bajo sus recatados escotes todo tipo de pensamientos subyugantes y contradictorios, son pequeñísimas dosis de dulce veneno que, como en la terapéutica hahnemiana, tío, las curan, en vez de matarlas; las condicionan y niegan al tiempo que las afirman; las hacen sentir completas aunque relativas, y así, abrazadas por ese sensual vapor colectivo, optan por hacer pequeñas concesiones a su velada libido, lo que no tendrá mayores consecuencias porque nadie las va a interrogar al respecto ni directa ni indirectamente, viniendo de tan sagrada comunión.

17*. Están también las que, como mamá,  cargan con una herencia inmerecida que las marcó antes de nacer, son coleccionistas de suspiros, ¡lástima!, y así heridas de nacimiento, pero vivas, se resisten a desaparecer por completo, haciéndose notar levemente, como relámpagos, breves, ¡ay!, aún poseyendo un gran atractivo y siendo esbeltas y llamativas. Son casi muecas del destino que han aprendido valerosamente a sobrevivir sin perder la elegancia, si no acuérdate de mamá; así que, ¡viva!, ¡hurra por ellas!

18*. Pero entre todas las anteriores, pequeñitas aunque esenciales, están  ésas que se reconocen importantes para las otras y por diminutas que sean ¡que nadie se atreva a despreciarlas! Son las mejores en las relaciones sociales, desafiando todo rango subordinador, cuando quieren, o adoptándolo si les conviene, sin que nadie se moleste con ellas, pues sirven de nexos de unión e interactúan salvando las diferencias. Todas las otras, de consuno, les dan la bienvenida, ya que con su 'ambivaliente' personalidad se han ganado su respeto y el mío,tío, y tienen el mérito de concitar la unanimidad en el afecto y cuales sabias mujeres sabinas, entre ambos ejércitos, actúan como juezas de paz. Sin ellas nada tendría sentido.


19*. Me place imaginar, tío, cómo los pensamientos, libidinosos por naturaleza, precisan hacerse eco entre ellas y, como hizo con Dánae Zeus convertido en lluvia de oro, se deslizan en erótico movimiento entre los blancos lienzos que las cubren e hidratan; más tarde, padeciendo  dolores parturientos que presagian un alumbramiento dichoso,  la génesis tiene lugar, humedeciéndose sus labios por los efluvios del proceso. Entonces exhalan un ¡eureka! que les sanará, como al crónida la ansiedad de la contenida paternidad. El vacío sin ellas lo intuyo enorme , por eso me pregunto, tío, al ver que ya no escribes, ¿cómo se vive sin ellas?

Por mi parte, lo intuí en ocasiones, pero ahora a mis 40, la edad del 'sí y ¿qué?' en la que me encuentro, confieso, tío, sin pudor, que aunque las he amado muchísimo, no he conseguido vadear sus escollos con la fluidez deseada, lo cual me lleva a otra reflexión retórica: ¿realmente las he conocido?, pero como dijo Marc Bloch, en el lenguaje la potencia del sentimiento rara vez potencia su precisión. Por eso esa certidumbre no me angustia, porque he disfrutado intensamente con ellas con las que procuro, últimamente, compartir alguna copita del guarapo de caña que me traje de La Palma,  al son de alguna guajira o bolero que evoca tus cartas, porque tú, tío, tú me acostumbraste a todas esas cosas...

Tal es su complejidad, como te advertí, que muchos han intentado manejarse entre ellas con soltura y éstas han sido deseadas y acariciadas por ellos, no sin cierta habilidad -¿para qué voy a negarlo?-, como tampoco oculto que por momentos yo también hice pinitos. No obstante, sé muy bien, tío, que sólo los dotados de la mejor pluma han podido apañarse con todas a la vez y salir airosos. Son los artistas del cálamo. Los llaman"quijotes".

Es obvio que las de su mismo género también lo consiguieron,  pero su habilidad tuvo menos suerte en el mundo del reconocimiento, más reservado hasta ahora a la biología adánica. Para mí, tío, son artistas modélicas en su materia. No las llaman nada.

Pero...¡bah, sólo son palabras!: lo que me ocurre es que a veces es tal el silencio, muerta ya mamá , que noto aún más la presencia de todas y siento que o soy todas ellas o no soy, y éste es en cualquier caso el mejor tributo que yo he podido rendirles y rendirte, en mi apasionado compromiso por dar a los pensamientos un orden a través de su materia: las palabras; ya me gustaría tenerte a mi lado y decirte tómate esta botella conmigo y brindemos por ellas y susurrarte cuán rendido me he sentido yo mismo siempre en la presencia subyugadora de las mismas, inquieto y perdido en ocasiones pero cálidamente acogido en otras, como en un cañaveral, aquel del que nos hablabas en tus cartas, tú, mi mejor maestro, porque... tú me enseñaste que son maravillosas...                              

Tu sobrino: Eufobio Epafrodito Flores.                                 

©2014

Posdata:
Tío, tal vez mi carta te haya causado cierta perplejidad. En ese caso te propongo una segunda lectura teniendo en cuenta los apuntes siguientes (no olvides que, por mi condición de filólogo, sólo estoy hablando de las palabras y su mundo raro).
1*Éstas son las palabras a las que se desposee de aquellos elementos que las identifica y las pone en relación con su significado etimológico, por ejemplo cuando la palabra 'psicología', de psiché del griego (alma humana) es utilizada sin la  'p', dando lugar a la palabra 'sicología', que en todo caso vendría del griego sycon (higo)o del latín siccus (seco) y que por tanto, etimológicamente, significaría o "estudio de los higos" o "estudio de lo seco"; o cuando  in flagranti del latín (ardiente), de flagro, es sustituido por in fraganti, que, en todo caso, procedería de 'fragante' (oloroso), por lo tanto pillar a alguien in fraganti vendría a ser "pillarlo en (pleno) olor". Hay que decir que la Real Academia de la Lengua Española admite estos usos, pero a mí me disgustan de veras, pareciéndome un delito de alta etimología .
2*Arcaísmos.
3* Palabras que sólo se conservan en forma derivada con respecto a su etimología  latina. Por ejemplo 'conducir' de duco del latín (guiar); al añadírsele esta preposición, cum, se matiza su significado etimológico, sin que ello tenga por qué suponer una merma en su  identidad.
4* Palabras patrimoniales, mal llamadas vulgares (la mayoría de nuestro vocabulario, como madera)
5* Cultismos, como materia.
6* Semicultismos, como fruto del latín fructus (cuya evolución se paró en un momento dado, pues de lo contrario debía haber dado *frucho).
7* Dobletes como lidiar/litigar, clave/llave, procedentes ambas del latín litigare y clavem...
8* Extranjerismos, neologismos, préstamos... Muy frecuentemente han entrado en nuestra lengua a través del ámbito deportivo, de las esferas del poder y la moda, etc.; v.g.: fútbol, lady, glamur, interviú, lifting, casting,... Algunos proceden de lenguas también romances, como los galicismos, portuguesismos, italianismos...; tales son: alongarse, balde, bagatela, fragata, etc., y, por tanto, tienen como lengua madre el latín.
 Se abusa muy a menudo de los anglicismos en los ámbitos publicitarios, hasta el punto de que llega a no entenderse el mensaje, por ejemplo: "trending topic, running, lynx, coaching,...
A todas estas también se las conoce por 'barbarismos'.
9* Canarismos. Algunos, desde muy antiguo, procedentes de los ingleses, de retornados de Cuba, de portugueses...
10* Adjetivos.
11* Preposiciones.
12* Sobre signos de acentuación, exclamación, interrogación, virgulillas como la "ñ", etc.
13*Adverbios (acompañan al verbo y forman parte del predicado).
14* Los verbos: los personales tienen sujetos; hay impersonales como 'llueve', 'truena', 'relampaguea'; transitivos e intransitivos, con objeto directo e indirecto; forman proposiciones; los hay reflexivos, recíprocos; con predicados, atributos y copulativos. Existe la concordancia con el sujeto y otros elementos de la frase. Los hay activos y pasivos y conforman el sistema verbal, ...
15* Palabras o expresiones mal traducidas de otras lenguas, mal utilizadas o innecesarias por poseer nuestra lengua otras mucho más adecuadas, apropiadas y precisas, v.g.: 'reinventarse', 'ponerse las pilas', 'reciclarse', 'emprendeduría', 'poner en valor', 'priorizar', 'problemática', 'resetear', 'ofertar', 'a nivel de', 'en base a',  'evento', etc.
16* Las palabras forman oraciones: simples y subordinadas (adversativas, condicionales, afirmativas, negativas, optativas, concesivas, condicionales, relativas, completivas, consecutivas, interrogativas directas e indirectas, ...)
17* Las interjecciones como " ¡lástima!, ¡hurra!, ¡viva!, ¡ay!, ¡bravo!, ... "<<Ciertos sonidos son vestigios de palabras heridas>>, máxima del escritor Ángel Gabilondo.
18* Nexos coordinantes y subordinantes.
19* El pensamiento no descansa hasta que consigue verbalizarse y proyectarse en forma de palabras. <<Escribir es siempre una acción erótica>>, máxima del escritor Ángel Gabilondo.

Esto es cuanto deseaba contarte, por el momento, tío, de este raro mundo, sabiéndome siempre acompañado del mejor de los amigos, que eres tú en la distancia,... que no siempre es el olvido.

Y, ahora, ... en el último trago, te digo adiós, pero... dime:

¿Qué tú piensas, tío?

                                                                   Alma-amater©2014






8 comentarios:

  1. Vaya lección nos has dado! Hacía tiempo que no leía nada tan intenso sobre las palabras, en toda su complejidad. Y ese nombre del sobrino? me ha encantado... espléndido... Acaso has puesto intencionadamente "Eufobio" como masculino de "Eufobia" o nada que ver? Gracias

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    1. Pues sí. 'Eufobio' representa el buen temor, esa mezcla de miedo y subyugación ante ellas, que le acompaña en forma de obsesión toda su vida. Muchas gracias.

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    2. Pues, no, Maite. En este caso no vendría ni de Eufobia, ni de euforia. Se trata de un nombre, que yo sepa inventado por mí, con la etimología griega 'eu' (bueno) y 'fobós' (miedo), es decir 'el buen temor', pues es eso lo que entiendo yo que sintió el personaje del relato por ellas, durante toda su vida. Temor del bueno, del que deja un regusto obsesivo pero sano. Me alegro de que te hayas pasado un buen rato. Un buen rato pasé yo escribiéndolo, tanto en sentido cronológico como lúdico. Muchas gracias. Bss.

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    3. Perdona, Maite, por error eliminé tu segunda pregunta o comentario. La anterior es mi respuesta. Por cierto, entiendo que te confundī con el "Pues sí " de mi primera respuesa. Verás, con ello pretendía responder a tu pregunta de si lo había hecho intencionadamente, pero no a que procediera del nombre Eufobia. Gracias. Bss.

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  2. Magnífico análisis literario, poético y profundo, el que le dedicas a esas..., tan enigmáticas, que forman parte de tu "mundo raro". Enhorabuena y un fuerte abrazo.

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  3. Muchas gracias, querida Ángeles. Me ilusiona que te guste. Es que creo que ellas se lo merecen. Un abrazo.

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  4. Me has dejado sin palabras, Balbi. Te explico,que lo que iba pensando ,conforme te iba leyendo, a la vez,me iba empequeñeciendo. Y al final , casi no me encuentro... y es porque estoy empezando a estudiar el Lenguaje. Y me estoy dando cuenta, en que mundo me estoy metiendo.
    Muy excelente, le pondría a todo lo que he leído. Y te digo que la pienso, tener siempre muy a mano.
    un abrazo

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  5. Ay, mi querido Miguel, cómo me alegra cada vez que me llega un comentario tuyo. Confieso que la autoestima literaria me la tienes por los aires. Un abrazo fuerte y quédate por aquí por favor.

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Agradezco tu comentario en el blog, con la ilusión de no ser la única alma que pulula y ulula por aquí. Una palabra tuya bastará para 'samarte'.