UNA PALABRA NADA MÁS: PUTA ( relato)


Y ahora llego yo y existo. 
El recuerdo más antiguo que tengo de mí misma se aleja en el tiempo, hasta un abismo primigenio, viscoso y asfixiante. Un laberinto ignoto en el que todas, temblorosas, medio vivas, medio muertas, girábamos en un torbellino mareante y amenazador. Los ojos de los minotauros nos acechaban por doquier. Sus dedos se pegaban a nuestro cuerpo y nos manoseaban groseramente por todos lados. Eran tres, cinco, quince o veinte en una sola noche. Al día siguiente otra vez lo mismo. Apenas consigo recordar la diferencia entre esos días. Nunca vi su luz.

Lamentos ahogados. Ventanas que parecían tapiadas, cegadas por largos cortinajes, rojos y cutres. No había paredes, no había centro, ni límites ni esquinas. En mi cabeza un zumbido constante, nunca sabía si estaba del todo despierta o soñando. Oía voces delirantes, mezcladas. Cuerpos sudorosos y agitados suspiros que nos producían hasta el vómito con sus más abyectos deseos. ¿No habría alguien que nos rescatara de aquel infierno? ¿No habrá nunca una puerta? Todas nos peleábamos por encontrar una salida. La lucha era instintiva, mecánica y, por tanto, fratricida, suicida y todos los 'cidas' que pudieran sobrevivir  allí.
Mis ojos demasiado a menudo estaban pegados, las pestañas caían pesadas como las puertas automáticas del pestilente garaje al que fuimos a parar; tirando del párpado cuya piel quedaba extendida a todo lo que daba, y bajo los flequillos de los ojos en contacto con el suelo, apenas si se colaba algún frágil, lejano rayo, como quien levanta una pesada alfombra; aún dudo si era realidad o espejismo. Solo recuerdo que fue el clavo ardiente al que mis manos se asieron. Mi única esperanza. Tiré a duras penas del hilo escarlata, con mis escasas fuerzas pero temible voluntad, hasta que el filamento conductor me colocó la primera en la pista de salida. Había puerta, sí. Muy pronto ¡pim pam pum!...y ya estaría fuera.

Y ese día llegó. Mi liberación vino de la voz de  Ariadna, una simple mujer que se atrevió a gritar mi nombre:
- ¡PUTA!
Y como resultado de un dantesco parto, aquí estoy. Eso es lo que soy,  una palabra nada más: puta>>.
                                   Alma-amater  ©2015


(Tuve tentaciones de hacer mayor este relato. Finalmente decidí dejarlo así y dar voz en este blog, a través del siguiente audio, a la verdadera inspiradora).

10 comentarios:

  1. Sí, no hacen falta mas comentarios. Quien no lo tenga claro todavía es porque no quiere. Tu relato es un magnífico complemento al audio, Balbina. Me alegro de haberlo leído y escuchado.

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  2. Relato intenso, fuerte, desgarrador. Consigues el efecto que quieres transmitir, pero oiré el audio más adelante. Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Ángeles. Sí, ls audio es desgarrador, mejor oírlo cuando se esté menos sensible. Un beso.

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  3. Un buen e inquietante relato. Sigue deleitándonos con tu ingeniosa prosa

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  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  5. Muchísimas gracias, Armando García. Tus palabras me animan.

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  6. Gracias Balbina por este sacudón de humanidad, por poner el dedo allí donde escuece la herida, para que sintamos la vergüenza del dolor que permitimos, de nuestros disfraces e indiferencias. Para no virar el rostro, para estar ahí y beber el caliz, la palabra, que nos sitúa frente a la barbarie. Un abrazo

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  7. Marcelo, mi abrazo a ti por tus hermosas palabras. Es tremenda esta lacra y tenemos que hacer visibles a las víctimas y darles la belleza que les pertenece. Un abrazo.

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Agradezco tu comentario en el blog, con la ilusión de no ser la única alma que pulula y ulula por aquí. Una palabra tuya bastará para 'samarte'.