CANDILEJAS (relato)

Andando, andando, un día, me tropecé con mi tiempo perdido totalmente entregado a la dolce vita y le pregunté: "¿Qué haces por aquí con faldas y a lo loco?".
El hombre, tranquilo, me contestó que lo que le pasaba es que él, una vez, fue el hombre invisible que, buscando  el sueño eterno, se había ido por senderos de gloria, hacia horizontes lejanos. Que escaló primero cumbres borrascosas, y tomó luego un tranvía llamado deseo en el que llegó al otro lado del cielo, y allí le hablaron de una estrella fugaz, con cara de ángel, con la que tuvo una cita a ciegas y la invitó, al siguiente día, a un desayuno con diamantes, y, volando en las alas del deseo, vivieron días de vino y rosas, durante nueve semanas y media, en los que se alimentaron de delicatessen, como fresa y chocolate. 

Pronto, demasiado quizás,  citó al señor de los anillos, que los casó y selló su amor -luego de hablar con el padre de la novia-, a la que prometió: "De aquí a la eternidad". 
Vivieron en Casablanca, en cuyo hogar tenían una habitación con vistas, pero con la cortina rasgada y la ventana indiscreta; y aprendieron, rápidamente, lo que era la guerra de los mundos, en aquel nido de avispas, sintiéndose ambos, poco a poco, como extraños en un tren; y se impuso la ley del silencio en la extraña pareja, que comía, ya por entonces, tomates verdes fritos; y comprendió que lo suyo solo había sido un esplendor en la hierba.
Tras la gran mentira, perturbado y bajo los efectos de su psicosis, atravesó los puentes de Madison para sumergirse mar adentro, con la muerte en los talones, siendo él el único testigo. 

Solo ante el peligro, en el  último momento sintió vértigo y el padrino le susurró que la muerte tenía un precio, que solo por un puñado de dólares valdría la pena aquella aventura del Poseidón. 

Fue entonces cuando, no teniendo dinero, como cowboy de media noche entre candilejas, tomó el taxi driver y se fue al este del Edén y, después de siete años en el Tíbet, el hombre que sabía demasiado descubrió qué bello es vivir.


13 comentarios:

  1. Maravilloso!! Qué ingeniosa eres!!así da gusto entrar en el domingo!

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    1. Jeje, por eso prescindí de la película grecoestadounidense "Nunca en domingo". Es un buen día para leer solo en casa😜, o con 1 ó 2 ó 3😜. Muchísimas gracias por tu comentario. Un abrazo.

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  2. Muy bien hilado, y ocurrente como siempre, este enlace que construyes entre las películas. Excelente idea y estupendo homenaje al cine que nos ha educado y ha creado nuestra imaginación. Un abrazo.

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  3. Muchas gracias, eso es. He querido contar una historia y hablar de los sueños con que proyectamos en nuestras vidas y qué mejor que hacerlo con el metalenguaje de los sueños: el cine. Un abrazo.

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  4. Gracioso ejercicio de ingenio. Me has regalado una sonrisa temprana. Saludos.

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  5. Muchas gracias, Manuel. Bien que me alegro. Un saludo cariñoso.

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  6. Muchas gracias, Manuel. Bien que me alegro. Un saludo cariñoso.

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  7. Y el público aplaudió y aplaudió tras el The end.

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  8. Era un público generoso, incluso se cuenta que entre el mismo había alguna amiga. Un abrazo

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