ATRACCIÓN FATAL (RELATO)


A menudo me encuentro con palabras imantadas, o palabras amantes, que lo mismo da; palabras estrella que atraen a otras y me arrastran con su magnetismo también a mí, que en pos del tópico fácil, les sigo la estela, descubriendo, sin querer, una historia de amor a la que la muerte agazapada marcaba su compás. Podrá ser una historia cualquiera, sin duda alguna, pero para mí son palabras mayores, palabras de amor. Dos puntos.

Érase una vez un amor imposible y con los días contados como todos, que, aunque consciente de la existencia de un factor de riesgo, tomó los malos hábitos de buscar la felicidad eterna lejos del terruño amado, y se armó de paciencia infinita para vivir entre  vidas paralelas, llegando a provocar envidia sana. Puntos suspensivos.

Previamente, sintiéndose a salvo de una muerte segura, aquel amor ciego tocó la estrella fugaz de sus encuentros furtivos, bañándose, así, en las aguas claras de los amigos del alma, para luego  devorarse, ciegos de pasión, en su amor propio. Probó el rico manjar de los higos tempranos a años luz de un témpano frío. Punto y seguido. Aún hizo amaravillas con el genoma humano y tuvo hijos envidiables, con los que también pasó difíciles momentos, pero, sin un alto índice de esperanzas pérdidas, nunca fue su tiempo perdido, ni hubo necesidad alguna de mano dura. 

Brindó luego, en sus bodas de plata, con vino añejo por su eterno amor, lejos de su tierra natal,  y con las gafas de cerca lo rubricó, creyendo que no tendría efectos colaterales. Y tuvo que combatir la electricidad estática de la pareja perfecta, pudiendo celebrar las bodas de oro, y brindó de nuevo con un gran reserva a la altura de su larga relación, aunque, eso sí, en tierra extraña.  Punto y aparte.

Ya en la época de las vacas flacas, sin previo aviso, le cayó la gota fría de una terrible enfermedad. Tomando tacitas de chocolate caliente y con la vista cansada, sin poder evitar la lágrima fácil, intentó salvarse a codo partido; no obstante, en el callejón sin salida del tiempo inexorable, no pudiendo dar marcha atrás, y lejos de la patria querida, llegó el funesto día de la rendición definitiva. La vida misma. Punto y final.      
                          Alma-amater©2015

16 comentarios:

  1. Breve, concreto y muy directo a los sentimientos. Precioso. La palabra precisa que crea un mundo sutil y cercano. Gracias!!

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  2. Como tú bien acabas,es como la vida misma: un relato condensado, y muy exacto, sobre el amor tocado (¿y hundido?)por el devenir de la vida misma que afecta a cada vida en particular. ¡Felicidades!Un abrazo.

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  3. No, hundido como una línea que baja en picado, no, sí finalizado, como un punto y final. Y pudo ser algo maravilloso digno del mejor de los recuerdos y de un mejor relato. Simplemente somos artífices del principio pero del final, no siempre. Ese final, sea cual sea la causa, existe y hay que asumirlo, por duro que sea. La vida misma. Un abrazo grande.

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  4. Y sin embargo, es sutil y delicado. Muy bien escrito y narrado ( me faltó)

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  5. Muchas gracias. Me alegro de que te lo parezca. Sé que eres exigente y eso me gusta.Un beso.

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  6. Me gusta mucho.Muy certero y original porque "huyes de las frases hechas".

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  7. Jeje, agudo como siempre.Lo captas rápido. Muchas gracias.

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  8. Que envidia que bien escribes enhorabuena

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  9. Pues, muchísimas gracias, Javier Ojeda. Saluditos y bienvenido.

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  10. Tu manera de ordenar y escoger las palabras es muy personal y eso no se aprende. Siempre es un gusto leerte.

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  11. Muchísimas gracias, Sasa. El regusto es mútuo. Un beso.

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  12. Y así fue pasando la vida...Que bonito escribes criatura!

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  13. Qué dulces son siempre tus palabras, Mary. Gracias por seguirme. Un abrazo cariñoso.

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Agradezco tu comentario en el blog, con la ilusión de no ser la única alma que pulula y ulula por aquí. Una palabra tuya bastará para 'samarte'.