TESTIGO INDISCRETO (Relato)


Nunca había presenciado una vista oral de primera instancia. Pero juro decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de lo que allí vi. Jamás habría accedido a contarlo si el asunto no hubiera sido 'sobres-e-ído', y nunca mejor dicho, porque se conocieron -lo que ocurría a menudo en aquellos años- por una red social de las de antes, por carta. Se establecieron, así, las relaciones oportunas, mediante sobres y cartas de ida y vuelta que se prolongaron algunos meses. Luego pasó lo que tenía que pasar.


Como suele ocurrir con las relaciones humanas, se complicó la cosa, y un día, iniciados todos los trámites, el juez del supremo, que a la sazón arbitraba sobre aquellos temas, viendo indicios de delito, instruyó la causa.

Llegó el día de la verdad que también habría de ser, para mí, de la beldad.

Ella, de anchuras cimbreantes ineludibles a cualquier distancia media, llegó primero; y se sentó en el lugar asignado a uno de los dos acusados. Luego llegó él, algo menos generoso en los volúmenes, pero también sobresaliente en cualidades, como tuve ocasión de comprobar; y  ocupó el otro lugar sin preguntar siquiera si era el suyo. Los ojos hablaron solos. No admitieron público en la causa. Tan solo yo -observando por la mirilla ilusoria-. El juez, que juzgaría los hechos, Cupido, me lo habría impedido, si se hubiese enterado. Su lasciva señoría gusta de reservarse el disfrute de estos juicios solo para él. De modo que permanecí allí escondido, levantando acta -podría decirse-, que hoy comparto con ustedes, mientras acechaba a través de mi agujero de 'aficcionado'.

Confieso que me chocó bastante cómo comenzaba el juicio; primero la vista 'oral', así sin prolegómenos, sin preguntas capciosas, sino ¡hala!, directamente, a lo bruto, y, no pudiendo apartar mis curiosos ojos de la mirilla, disfrutaba del espectáculo, al tiempo que de vez en cuando los cerraba ruborizado.

Por un momento creí que el proceso estaba concluido, porque ambos acusados demostraron sus cualidades 'orales' con gran desparpajo, dejando aparentemente a las 'partes' bastante satisfechas. Se comportaron, pues -es justo reconocerlo-, como 'bucales' defensores de gran experiencia; sin embargo, después de un breve descanso de la pareja, durante el que apenas me dio tiempo para recomponerme, el juez, no contento aún, mandó a los acusados a dirimir las diferencias que les quedaban. Había decidido desde el principio que la causa se resolviera por la vía de lo 'penal', y así, allí mismo, sobre  el banquillo tuvo lugar el procedimiento. La febril pareja, desde luego,  no opuso  resistencia alguna. Se fajaron de inmediato, tomando cada uno sus posiciones, e intercambiándoselas, luego, generosamente, dispuestos a llegar hasta el final.

Eran dos, pero cómplices absolutos de su trama, no dejaron cabo suelto que mereciera la sanción del juez del deseo, quien, finalmente y pese a todas las evidencias que a mi parecer había, tomó su martillo y caprichosa y 'ab-surdamente' sancionó: 
"El caso queda sobreseído provisionalmente a la espera de más pruebas".
  Alma-amater  ©2015 

11 comentarios:

  1. Hola. Excelente. Me atrapó hasta el final. Sugerencia. Belleza. Intensidad. El narrador creible con el punto de vista que adopta. La escritura autentifica el juego con la palabra, con las mâscaras y los silencios. Gracias por los rituales de escritura.

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  2. Muchísimas gracias, anónimo. Qué bellas tus apreciaciones. Un saludo cariñoso.

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  3. Curioso y sugerente relato. Es como si tuviera dos caras, la que vemos (estamos leyéndola) y la que no leemos, pero es la que nos estás contando realmente. Tema escabroso éste (parece que nos limita ser mujer y profesoras, por aquello del que dirán)si lo convertimos en muy descriptivo, sin embargo, tú has sabido narrarlo con mucha sutileza. Enhorabuena, una vez más.

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    1. Qué te puedo decir a ti, mi querida escritora, sobre las cuitas nuestras. Es cierto que esta es una zona oscura que me apetecía de alguna manera intentar iluminar por medio del afilado ojo de la ficción. Muchísimas gracias por tu fidelidad lectora.

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  4. Otro simpático y bien escrito ejercicio de ingenio. Me lo paso muy bien con tus relatos.

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  5. Muchísimas gracias, Manuel. Es muy grato que te sigan habitualmente como haces tú con mis relatos. Un abrazo.

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  6. Hola señora escritora. Con retraso leo los dos últimos relatos que has puesto, a cada cual más logrado. Tengo el vicio (o la manía) de leer primero todos los comentarios que te han hecho para no caer en la redundancia, y la verdad es que mis compañeros-comentadores lo han dicho todo. Suscribo lo que han opinado ellos-as y sólo me queda animarte (aunque no lo necesitas) a que sigas regalándonos estas pequeñas joyas que a mi me confortan los domingos melancólicos como este (o como todos?). Muchas gracias Balbina por alegrarme la vida y sacarme una sonrisa (me gusto mucho la metáfora pseudo-sexual d

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  7. Me quede a la mitad antes. Te decía que me gusto mucho la metáfora pseudo-sexual de la vista oral, la vía de lo penal, etc... Bueno, y ya esta. Gracias y enhorabuena .

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  8. Gracias, amiga, y aunque tú no lo creas sí que necesito los comentarios de los amigos y demás para animarme a seguir con esto. Es ilusionante y surge de una necesidad, pero también es duro y trabajoso, y más aún si no te leen. Así que te doy las gracias con el corazón por querer acompañarme en la bella empresa.

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  9. Ufff... quizás las pruebas felacientes no sean suficientes, como para perder el juicio, claro... pero, esperemos que en unos meses no aparezcan testimonios fehacientes sobre la consumación del delirio con agravante de alegría... y ambos no queden sujetos a condena perpetua, o Mariano de la Gracia Concepción, como suelen llamarle los amigos...jejeje

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  10. Jaja, qué bueno, Jero, en cualquier caso confío como tú en que la penelización, si la hubiera, no tenga efectos colaterales indeseados y que Cupido se apiHade de los condonados, perdón condenados. Muchísimas gracias por comentar en mi blog. Un abrazo.

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Agradezco tu comentario en el blog, con la ilusión de no ser la única alma que pulula y ulula por aquí. Una palabra tuya bastará para 'samarte'.