UN HOMBRE NORMAL (relato)




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Perdió la cordura en aquel mismo momento,  justo después de haberla reconocido.

La sala se le antojaba como una oquedad inhóspita, poblada de amenazadores silencios dispuestos a saltar sobre su cabeza para ensordecer para siempre sus días, los de un hombre normal. Un hombre que a nada había aspirado, más allá  de vivir de su trabajo ‘normal’, con una esposa y una hija… ‘normal’. 

Creyó alguna vez que si vivía sin demasiada algarabía podría pasar desapercibido para los artífices de las desgracias familiares. Había nacido en una conocida y bien posicionada familia, aunque de trayectoria desgraciada, debido a accidentes e incidentes propios de la vida alocada de los que tienen demasiado dinero.

Se afanaba por no llamar nunca la atención, ni por sus excesos ni por sus defectos, y ni tan siquiera por sus afectos. La áurea moderación era su lema. Lo había aprendido en el colegio privado al que lo había mandado su familia como interno. Su profesor de Latín les leía habitualmente poemas de Tibulo y Horacio. De Catulo no solía. Les decía que Catulo no le gustaba. Más tarde descubrió él solito el motivo. Catulo representaba el exceso y, por tanto, procuró negarse el placer que le producía leer los exabruptos de sus versos y su pasión derrochadora. Conoció, por el contrario, en profundidad los tópicos literarios presentes en los poemas del mesurado Horacio, pero fue su profesor el que se los filtró, haciéndole especial hincapié en la áurea moderación, "aurea mediocridas", el punto medioque, a fuerza de oírlo, se convirtió en su lema, junto con el "beatus ille", el feliz aquel que vive tranquilo alejado de los agobios de la ciudad
Así fue como llegó por convencimiento a ser un sencillo hombre, feliz, pero sin que se notara mucho. Era un profesional correcto de la oficina de correos de un pueblo de provincias, un jefe de oficina, sin más. También era un hijo sencillo y paciente de una madre viuda, y extravagante -o resacada- la mayor parte del tiempo; y fue, cómo no, un padre equilibrado que nunca gritaba a su hija ni tampoco se prodigaba en excesivos mimos. Eso sí, la llevaba al parque a menudo, cogidita de la mano. A veces, creyendo que la nena no se percataba, le observaba las manitas reprimiéndose el deseo de estrujarlas entre las suyas, a medida que avanzaba por la alameda hacia el parque. También fue un marido correcto, fiel y comprometido, pero sin aspavientos apasionados que hicieran desviar el curso envidioso de otras miradas.
Nada hacía presagiar que aquel hombre pudiera dejar algún día de sentirse un hombre más.

Apenas pudo hacer acopio de fuerzas para levantar sus párpados hacia ella, empujado levemente por la mano del policía, que en cierta medida era capaz de comprender su dolor. Era buen profesional, pero de ahí a  empatizar plenamente con su tormento..., con su tormento no, ¡de ninguna manera podría saber hasta qué punto lo desgarraba aquello por dentro!

Ya le había costado avanzar desde la puerta hacia su hija, que lo esperaba allí tendida. Clavó sus ojos en sus manos, como si estos se negaran a seguir recorriéndola. El policía le dio, con mucho tacto, otro pequeño empujoncito. Pero el pardo tristón de sus pupilas siguió posado en aquellas manos y allí se quedó fijo, en la palidez de las mismas, quizás para siempre. Eran las de ella. Las habría reconocido entre un millón. 

El policía le preguntó: "¿Es su hija, señor? ".
No respondió nunca. A nadie.


                                                                                                                                                Alma amater  ©201

39 comentarios:

  1. Es un relato precioso, Balbina, a la vez que desgarrador. Sin entrar en demasiados e innecesarios detalles técnicos, quiero decirte que está muy bien construido. La semblanza de este hombre normal está muy bien lograda. Mientras iba leyendo, se formaba una imagen muy nítida de él en mi mente. Acaso no es eso lo más difícil cuando se crea un personaje? que resulte creíble de manera natural? Yo pienso que sí. Uno mas de tus logros. Te felicito, querida amiga.

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    1. Muchas gracias, querida Maite. Me agradan especialmente tus preguntas y respuesta. Yo estoy de acuerdo contigo en cuanto a que eso es lo que se desea al describir, aunque no siempre se consigue. Tu apreciación me motiva mucho a continuar. Fíjate que este relato lo tenía guardado desde hace meses y ya hoy me dije " o lo publicas o lo tiras", opté por lo primero, por aquello del amor ciego por los hijos. Me alegro de haberlo hecho, ahora. Un abrazo.

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  2. El comentario anterior era mío, no de Diótima Hernández Martín ja ja. No sé por qué, se produjo ese error.

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    1. Ja ja, lo sé. El equívoco tampoco me disgusta. Todo queda entre amores.

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  3. Qué buen relato, Balbina. No me esperaba en absoluto ese final. Por como venía, pensé que se trataba de un escrito más bien reflexivo sobre la vida una persona, y me sorprendiste gratamente con ese giro.
    Bravo.
    Saludos.

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  4. Hola, Raúl, muchas gracias por tu visita y comentario. Me alegra mucho que te haya sorprendido el final, primero porque me gustan los finales sorpresa y segundo porque, a este relato precisamente, pensé en darle un final de esos que me gustan a mí, con zarpazo humorístico final, pero hubiera traicionado el motivo que me llevó a escribirlo, y lo dejé tal cual. Un abrazo, Raúl.

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  5. Buenos días Balbi, bonito empezar el sábado con un relato tuyo. Según iba leyendo me esperaba que ese hombre tan normal hiciese alguna locura para salir de la mediocridad, pero tú siempre nos sorprendes con tus finales, hoy por cierto un poquito triste. Porque es algo que ningún padre quisiera estar en esa situación. Feliz sábado corazón!

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    1. Hola, Mary querida. Muchas gracias por tu comentario y lectura. Me gusta tánto oír eso de que te sorprende el final, porque no era mi intención y porque pienso que hay finales que justifican un principio. En este caso fue así. A partir de una imagen final tiré del hilo hasta el comienzo. Un abrazo grande.

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  6. Muy buen relato, Balbina, y me gustó mucho ese final, el mensaje de que por mucho que se intente, el control total de la vida, es imposible, la teoría es una cosa, la realidad es otra muy distinta,te deja sin paraguas cuándo más lo necesitas...
    Un fuerte abrazo.

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    2. Pues, así es, Servilio, eso es exactamente lo que se revela de la vida de este hombre. No controlamos nada, por más que nos guste imaginar que sí. De modo que nuestra responsabilidad con nosotros mismos es vivir intensamente y volver los ojos hacia el color y la luz sin miedo. Me place especialmente que te gustara el final. Muchísimas gracias por comentarme. Un abrazo, amigo.

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  7. Potentísimo final, de los que no te esperas y que te deja noqueado al imaginar los océanos de dolor que acechan a veces al ser humano por mucho que éste se crea a salvo haciendo o dejando de hacer.
    Leo en la respuesta a otro comentario que sobre este relato estabas en la duda de publicarlo o tirarlo. Menos mal que optaste por lo primero.

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    1. Cómo me motivan tus palabras, Manuel. Fíjate que a mí, a priori, me parecía un tanto flojo el relato y también el final, por eso no lo había publicado. En fin, me alegro de no haberme hecho caso. Mil gracias siempre por tus comentarios. Un abrazo, amigo.

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  8. Estupendo relato con un final estremecedor. Muy bien dibujado ese personaje que se mantenía dentro de la gris mediocridad que le habían inculcado y que por mor del azar destaca justamente por el más luctuoso de los sucesos. Me encantó, Balbina, y aunque estos días estoy con muy poco tiempo porque tengo obras en casa, ha sido un placer acercarme a leerte. Comparto con mucho gusto. Besos y feliz finde :-))

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    1. Te agradezco mucho tu tiempo y comentario, Natalia, máxime si, como dices, estás con obras. Ese es uno de los sucesos (por utilizar el mismo término) más estresantes que puede haber también, ¿no? En serio, me alegro mucho de que te haya gustado. Muchísimas gracias por compartir. Un abrazo.

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  9. Hola, Balvi.La versión dramática que has elegido ha sido "EXCELENTE."
    El mundo de las emociones de los hombres. Qué difícil es narrarlo ,y tú lo has bordado.
    Me parece una historia real .
    Como padre que soy ( precisamente de una hija ) el final lo he leído con un nudo en la garganta.
    Me repito. Fabuloso.
    Un abrazo
    Miguel Zoraquiain

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    1. Miguel, me agrada especialmente que me digas eso, pues me apetecía acercarme a lo que puede sentir un hombre, padre, en un momento tan terrible. Como madre me resultaba demasiado fácil. El reto era con la figura masculina. Muchas gracias por tu apreciación. Un abrazo, amigo.

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  10. Buen relato, Balbi. Se combina la descripción y la acción de manera estupenda. Parece que no va a pasar nada y, sin embargo, lo que ocurre al final es muy impactante. Atraen mucho escribir sobre esos personajes normales, rutinarios, ¿verdad? De los que da la impresión de que pasan por la vida sin dar la lata. Para mí son mis preferidos, y conozco unos cuantos. Muy bien escrito, como siempre. Me gusta. Un beso dominguero.

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    1. Muchísimas gracias por tu alentador comentario, Ángeles. Ya sabes que el destino de este relato casi era peor que el de su protagonista, pero no me hice caso y ahí está. Sin embargo yo no suelo recalar literariamente en este tipo de personajes rutinarios, creo, ¿o sí?, déjame que piense, creo que no... Este surgió como siempre de una escena que me impresionó y a partir de ahí desenvolví la madeja...Un besito, dominguera 😜😘

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  12. Muy bueno. Has conseguido crear el personaje de una forma muy nítida, situado en un justo medio que siempre está alejado del placer, del placer que es exceso, salida y desmadre. Está claro que no hace falta reunir palabras grandilocuentes para decir algo importante.

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  13. Muchísimas gracias, Sasa. Entiendo que el lenguaje debe ir por el mismo sendero de humildad de la historia que deseo contar. Muchísimas gracias por tu elogio, chiquilla, que me hace ilu, como siempre. Un besote.

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  14. ¡¡Por dios, Balbina, qué tristeza!!
    Me ha encogido el corazón.

    Muy bien!!

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    1. Hola, Teatrera, miento si te digo que siento que te haya impactado tanto, amiga. Me encanta leerte también aquí en mi blog. Muchas gracias.

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  15. Me gustó el escrito, sobre todo el final bastante incierto y con respuesta muda. Queda en el pensamiento del lector deducir la afirmación, negación o el secreto de ese hombre normal de la que se deduce su paternidad. Viaja desde la mediocriedad y el tedio de lo cotidiano hasta un final con cierto suspense.
    ¡Gracias Balbina por tus escritos!

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  16. Me gustó el escrito, sobre todo el final bastante incierto y con respuesta muda. Queda en el pensamiento del lector deducir la afirmación, negación o el secreto de ese hombre normal de la que se deduce su paternidad. Viaja desde la mediocriedad y el tedio de lo cotidiano hasta un final con cierto suspense.
    ¡Gracias Balbina por tus escritos!

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  17. Hola, Lucía, las gracias te las doy yo a ti por tu lectura y comentarios. Siempre es un placer leerte aquí, amiga. Un abrazo.

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  18. Un relato triste, pero ameno, interesante y muy bien escrito. Parece que las desgracias, después de todo, se fijan en cualquiera, moderado o excesivo. Siento lástima del pobre hombre: después de la pérdida por tener que sobrellevarla y antes, por haber vivido esa vida "normal" para nada.

    Muy bueno, Balbina, me ha gustado mucho y me ha dado que pensar...

    ¡Un beso y feliz viernes!

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    1. Muchísimas gracias, Julia, por tu comentario generoso y opinión. Ciertamente es digno de pena mi hombre. Es una alegría volver a leerte por mi blog. Un abrazo.

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  19. Nada que agradecer, chica, aún sigo con obras, pero saco algún rato cuando puedo. Aprovecho para decirte que soy Mayte Dalianegra, es que tengo dos cuentas y a ratos estoy en una y a ratos en otra. Te lo digo porque leo que me llamas Natalia y supongo que es porque no piensas que soy Mayte, jeje. Besos y feliz finde, preciosa:

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  20. Ay, Maite, discúlpame por cambiarte el nombre. Sabía quién eras por lo de Dalianegra tan original, pero en ese momento debí olvidar tu nombre. Un abrazo, guapa, y muchas gracias de nuevo.

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  21. Hola Balbi, gracias por esta reflexión sorprendente e inesperada, como su final...Da gusto leerte... (No puedo acceder a mi cuenta de fb, a ver si la recupero) Te seguiré aquí. Un abrazo, Natalia

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  22. Ay, mi chica, espero lo puedas solucionar pronto. Muchas gracias por tu comentario siempre recibido con alegría, amiga, máxime cuando lo haces desde internet y te lo agradezco mucho. Besos, Natalia.

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  23. Te leo con agrado en esta tarde de lunes. Bendiciones.

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    1. Muchísimas gracias, Claudia. Resulta apacible el momento tal como lo cuentas y me gusta. Un abrazo.

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  24. Muy buen trabajo Balbi. Cada vez disfrutó más tus micros. No me negarás que en éste no hay tintes de novela negra. Seguiré leyéndote con pasión.
    Enri

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    1. No te lo niego, Enri. Surgió así de forma natural como he contado más arriba. Yo misma desconocía que me gustaba escribir en este género. Muchísimas gracias, por tus lecturas y comentarios, querido amigo.

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  25. Hola guapa!!
    Me ha gustado todo, comienzo,nudo y desenlace de tu minirelato.
    Sin duda el final es magistral, inesperado, sorprendente y triste.
    Pero lo que más me ha hecho pensar, ha sido la descripción de ese hombre.
    A lo mejor soy un poco macabra,me dio más pena su vida "normal" que la pérdida de su hija.
    Y me pregunto ¿soy así de aburrida y normal? ¿mi vida es tan lineal?... puf que horror. No me gusta la gente "normal" que acepta su "normalidad" con tanta pasividad.
    Nunca tires nada de lo que escribes, tus palabras siempre son "anormales" (esto va con un toque de humor y admiración hacia ti, por supuesto).
    Un beso, Balbi.

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  26. Guau, querida Ana, cómo afinas con lo de tu pena por su vida normal. Es cierto, a mí también me produce desazón tanta llanura, con lo bonitos que son unos picos de vez en cuando, claro que la carga familiar que llevaba el pobre de herencia le hicieron pensar que ser normal era ser anodino...Muchas gracias, mi querida lectora, mientras ustedes me lean valdrá la pena escribir. Veremos si la musa no se desanima. Muchos besos.

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Agradezco tu comentario en el blog, con la ilusión de no ser la única alma que pulula y ulula por aquí. Una palabra tuya bastará para 'samarte'.