LA COCINA DE MI MEMORIA



La cocina es a veces un plácido mar de silencios
que susurran, se abrazan y se expanden
formando bucles invisibles de ecos lejanos 
que se asustan al estallido del motor de la nevera
y se estrellan en las paredes blancas
donde un día mi abuelo apoyó su silla y su cabeza.
La cocina es movimiento en el recuerdo.
En la cocina de mi memoria fluye el olor a café de mi abuela
y entre silencios van y vienen como olas en capas sus enaguas y delantal.
Se arrebolan los tomates del frutero a su paso, lozana,
y mueven su cabeza para adorar la arruga de su boca.
El hule de la mesa la extraña años después.
Los fríos azulejos guardan el llanto secreto de la ausente, 
testigos mudos de su mundo, su amanecer  y su adiós. 
Las berenjenas de las calcomanías enseñan sus huesos 
dolidos por los chicles bazooka que un día la nieta juventud mascó.
Y se desangran los azulejos del poyo,
mostrando el hambre marrón de su esqueleto.
En la cocina de mi memoria no habrá sino una reina. 
Un trono, un príncipe consorte lo más.
Pero todo, incluso el recuerdo, al servicio de su majestad.
Una cocina, un santuario y ...
silencio.

                 
                                        Alma amater ©2016
                    


14 comentarios:

  1. No me queda claro si tu recuerdo es a la cocina o sus moradores o a ambos. Pero bien. Con la delicadeza, sencillez y austeridad que te caracteriza. Con la palabra justa y precisa en una meritoria descripción. Y resolviendo con mucha elegancia. Gracias Balbi.
    Enry

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti, amigo, por tu precioso comentario. Realmente hermoso.

      Eliminar
  2. Bonitos recuerdos Balbi, son de esos que quedan siempre grabados dentro de nosotros. No nos abandones tanto tiempo, porque necesitamos de tu sencillez y de tu bonita manera de expresarlo. Un fuerte abrazo corazón!

    ResponderEliminar
  3. Ay, querida Mary, gracias por tu comentario siempre fiel. A veces es necesario respirar profundo antes de escribir, ¿sabes?, por eso parece que abandono, pero, no, y gracias a gente generosa como tú siempre vuelvo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Solo puedo decir que es un precioso relato, Balbi.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y yo solo puedo darte las gracias por tu generosa apreciación, amigo. Un abrazo.

      Eliminar
  5. Me encanta, esas cocinas antiguas donde se elaboraban manjares que olían de maravilla, donde nos hacían los bocatas de chorizo con un cola cao para merendar, donde nos achuchaban para no dejarnos ni una miga de pan, donde el abuelo se pelaba la fruta de una sola tira guiñando un ojo con complicidad... Pero lo que más me gusta es tu forma de recordar y trasladarnos con tus letras, a ese lugar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Estefanía, en cada familia debería haber una cocina única y maravillosa. Muchas gracias por tu comentario. Un abrazote.

      Eliminar
  6. Qué tienen tus letras que siempre me subyugas, amiga?
    Te admiro.

    ResponderEliminar
  7. Ja ja, pues, no sé, amiga/o, en todo caso me encanta provocarte esa reacción.

    ResponderEliminar
  8. Estaba la cocina estrecha y funcional de nuestro piso en Barcelona y estaba también la cocina con lumbre de hogar de mis abuelos en un pequeño pueblo de Granada. En la una calentaba mi madre con butano la leche embotellada comprada en el colmado del barrio, mientras mi abuela, en cambio, hervía la que acababa de ordeñar la prima Filomena en las cuadras adyacentes. Fueron tiempos para mi vividos a caballo entre dos culturas a menudo opuestas, con sabores y olores prácticamente imposibles de recuperar, aunque a veces los recuerdos nos asalten al leer unas líneas escritas muy lejos de aquí. Diferentes pero muy iguales. Gracias, Balbi, una vez más por compartir con nosotros (tus lectores) tu gran capacidad de evocación.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero qué bellas imágenes me dibujas tú, Manuel. Casi puedo oler y saborear, con los sentidos que traspasan tiempo y espacio agazapados en la memoria, esa leche y esa leña y hasta el olor especial a víveres del colmado, por no decir nada de las cuadras...En fin, gracias una vez más por tus lectura sensible y acompasada. Un abrazo.

      Eliminar
  9. Muy buenos recuerdos nos trae este relato,Balbi.A mí me ha venido el olor de las castañas asadas en una cocina de carbón.En invierno, y acompañado de la persona que más se quiere.
    Un abrazo
    Miguel Zoraquiain

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues, sí, Miguel, si uno hubiera sabido por entonces que aquellos momentos hermosos eran únicos...Gracias por tu recuerdo y tu comentario. Un abrazo.

      Eliminar

Agradezco tu comentario en el blog, con la ilusión de no ser la única alma que pulula y ulula por aquí. Una palabra tuya bastará para 'samarte'.