CHOPIN O METÁLICA




Esta es la tierra que pisas.
La llevo sembrada de amores ecos,
de cardos y de lirios, de ortigas y nardos.
Entra en mi jardín y respira su aroma.
Quédate y pasea.
Hay bancos plácidos y pistas de baile,
por doquier y por siquiero,
hilo musical con Chopin y con Metálica.
Habrá sombras para tu estío
y luces para tu escarcha,
pero también dolores para tu dolor
y para tu amor, amores.
Hazte un ramo con todas las flores de mi tierra.
No olvides ni una.
Combínalas a tu antojo,
por colores, por tamaño o por su olor,
o según tus estaciones
pero recuerda que el ramo ha de ser variado,
o no tendrás un recuerdo de mí
sino un souvenir.

                            Alma amater   ©2015

DOMINGOS DE GUARDAR


Los domingos tienen una forma brutal de burlarse de nosotros,
no los creó un dios absurdo solo para descansar.
Los domingos existen para hablarnos de  soledad,
para estamparnos en la cara la profunda sensación de fracaso,
porque envidian nuestra ciega ascensión por la escalera de los 6 días,
porque necesitan compartir el duelo de todas sus muertes
desde el principio de los tiempos.
Porque se hastían de nuestra felicidad de gran escaparate.
Porque alguien tiene que recordarnos que nuestros éxitos son solo eso, 
salidas, áreas de pícnic con servicio de recogida.
Los domingos se ríen del mundo feliz que construimos  para los nuestros.
Son espejos bruñidos donde nuestros ojos de gorgona se petrifican 
al vernos reflejados, asustados ante lo que vemos.
Son días para cortarnos la cabeza y ver salir nuestros monstruos,
nuestras Equidnas, pero también nuestros Pegasos.
Por eso conviene tener alas de repuesto en un cartucho
y dispararlas contra el señor de los días
y saltar los escalones finales de dos en dos 
y amanecer en lunes absorbente 
y tiro porque me toca en este juego macabro.

Los domingos, mejor de guardar.

HIBERNAR


Griterío, voces que retumban
como del más allá.
Hombres que juegan al envite.
Mujeres que friegan y sirven los platos.
Nada han cambiado los años.
Acaso el tiempo es un monstruo 
que hiberna en las familias.
Hoy no hay niños,
faltan su algarabía y despreocupación,
su pasión infecciosa por el presente,
su alegría por estar vivos.
Los niños mordisquean la vida y sueltan.
Juegan con ella como las orcas.
Los mayores la apuran a dentelladas sobre los platos de carne.
Se ensañan.
Cuanto más ruido, más silencio.
Cuantas más voces, más vacío.
¿Sueño?
Realidad o sueño da igual,
porque yo no estoy.
Hiberno como el tiempo.


                                              Alma amater ©2015

EL GRITO


El grito, 
profundo, hueco,
el grito dolorido del padre 
recogía y encestaba al aire una agonía.
Un hombre de campo. Un deber.
Niños tapándose los oídos en un cuarto de la casa.
Sudor frío de papá.
Manos de agua.
Un ruego.
Acertar en el golpe,
muerte rápida.
Gritó papá. Gritó el cerdo:
se salpica el cielo de llanto amordazado.
¡Mis oídos!
Expiró el cerdo.