HOSTAL DE CARRETERA





A veces no recuerdas algo y, cansada de darle vueltas, 
se te queda la ventana abierta en segundo plano
mientras pasas a otra cosa, y, ¡zas!, cuando menos lo esperas,  
salta de repente al primer plano lo que antes no recordabas.
En ocasiones,  tienes tantas ventanas abiertas en segundo plano
que entra de todo en tu casa: 
sol, viento, ruido, moscas, espías y ocupas. 
Encima, pueden entrarte por la puerta de atrás 
y dejártela abierta de bar en bar. 
Es ya cuando, al borde de un coma etílico, o ético, 
que lo mismo da, 
sientes que tienes que darle a la X de Salir 
o, al menos, a la ventanita de minimizar riesgos, 
pero eres tan manazas en asuntos  tec-no-lógicos... 
También puede suceder que te quedes sin batería 
y que se cierren de golpe todas las ventanas 
y te invada un síndrome agudo de hostal de carretera.

                                      Alma amater  ©2016 

COMO CERVEZA ( poema)



Con mi materia prima hice todo lo que no ven, 
lo que ven es solo un sucedáneo apto para ciegos.
Si humillas tus manos y recoges del suelo los trocitos que se me caen, 
tal vez me ayudes a mantenerme en el molde vital.
A veces me desbordo y desparramo como cerveza
y necesito una mano amiga
que introduzca el rabillo de su cuchara en mi espuma de Náyade,
que me recuerde que las burbujas son solo eso, aire,
y está bien que existan,
para oxigenarme en la catarsis de este teatro,
pero tu mano, junto a mí, en el patio de butacas, 
me recordará que la función termina y que tú sigues ahí,
cuidándome las fronteras de mi jarra.

                  Balbi Mar

CUERPOS PARASITADOS


La Historia, ciega, como el amor.
Clío, vieja musa, de amplio pecho, 
elige entre caminos múltiples.
No conoceremos jamás los caminos desechados.
Cae una pieza del dominó y arrastra a las demás.
La musa se sabe reina y se sobra, caprichosa.
Garrapata que nos vampiriza y  engorda.
Perecemos debilitados por el parásito de la cultura.
Solo somos huéspedes.
No controlamos nada.
El fin, la cultura misma. 
El medio, tú y yo.
Solo cuerpos parasitados.


                                                                          Balbi Mar





Y un día supe 
que en mi futuro 
siempre estaría el pasado 
de cuerpo presente
y eso me hizo sentir más humana.

          Balbi Mar

DESDE MI PUNTO DE VIDA, EL GATO QUE ESTÁ

Imagen de pinterest.com


Que soy solo un punto en el universo, nunca se olvida.
Que por temor al punto y aparte, me quedo en el suspensivo, culpa mía.
Que ahuyento los puntos  sobre las íes aspirantes a las certezas, noche y día.
Que acumulo puntos en el supermercado de la duda, qué alegría.
Que tenso mi arco a menudo, en busca del medio punto, en esa estrella...
Que esta piel de rosa antigua alcanzó ya su punto de inflexión, porque en mis ojos...
Que en la araña de mi arruga un día el punto será de cruz, que es la vida.
Que sin escapatoria al desahucio de este cuerpo, en punto muerto nos veremos en la meta, qué noche bella.
Que llegada a este punto, la madeja será para el gato que está triste y azul, lágrimas claras.
                                                                                          Alma amater  ©2016 

POR SOLEAMARES: FANDANGO DE LA MEJOR MUERTE

Imagen de huelvabuenasnoticias.com
Tú también regurgitas tus excesos, no eres de piedra, no solo.
Me das lo mejor de ti, yo lo peor, 
y en ti se disuelve, se hace agua y me limpias de hiel.
Yo sé que te sobro, tú no sabes que te necesito.
La mejor muerte sería disolverme en ti, 
poco a poco, desde los pies, entrándote con mi taconada
Ir sintiendo que mis piernas se licúan, 
que son de ti, de agua y de sal.
Luego, mi tronco, abriéndose en abanico espumoso
hasta abarcar tu orilla gitana, nómada como las olas, 
mientras me arranco por 'soleamares'. 
Y blandiendo mis brazos  te regalo lunas lorquianas.
Por fin mi pelo, algas obscuras que flotan al albur de tu fragua,
único rastro de mí que acabará resistiéndose 
como huella de una lucha antigua.

                             Alma amater  ©2016 


                               

LA FELICIDAD DEL SER DESNUDA

Imagen de codigonuevo.com



Cuando la maldad de los días sacan lo peor de mí,
busco mi mar 
y me sumerjo primorosa con la delicadeza de la niña
que no quiere despertar a la madre de la siesta
y se acuesta a su lado en silencio,
desafiando el crujir metálico de los muelles de la cama.
Levanto el encaje espumoso con la punta marinera de mi pie,
y vuelvo al útero en busca de inocencia.
Sus profundidades me reverberan la candidez.
Soy un feto en la plenitud de la antesala,
henchido de un todo que es la nada de un vientre, 
inmune a la zozobra.
Flotar en la ingravidez, sin maletas.
La felicidad del ser desnuda.
     
                                 Alma amater  ©2016




CAPTURAS DE PANTALLA O LAS NIEVES DEL TIEMPO


                                                     Imagen de cosmeticoshoy.com

Son las nieves del tiempo,
días en que hacemos capturas de pantalla
como la niña que va tras la pompa de jabón que se escapó,
que la hace deseable y fabulosa.
Nos empeñamos en recuperar de la papelera de reciclaje
instantáneas que el sistema operativo actual 
ya no reconoce.
Otros, incapaces de procesar tanta emoción en la CPU 
apretamos el botón de  escape.
O la obsesión por la seguridad 
manda tropas a luchar contra espías y troyanos,
pero perdemos la intimidad ante los elementos, 
resistentes a los antivirus.
Será que la disfunción de la tarjeta gráfica nos aboca a la ceguera.
Y, no obstante, 
yo quiero escribir mi texto a pantalla completa,
en una fuente antigua, y minimizar riesgos 
guardando los cambios, 
en los que sigo siendo yo, pero tampoco.


                                                                                                                              Alma amater  ©2016

¡A QUE NO HAY TACONES! (microrrelato)


                                                        Www.Flickr.com

     Se oyen unos pasos. Sonido más bien agudo. De agujas de tacón. Andar rítmico, como de mujer de mediana edad que avanza cimbreante en pos de sus caderas proyectadas sobre la acera. Va sola. Sus contornos, que se desdibujan entre los vapores de la noche, apenas son alcanzados por la luz macilenta de las farolas. Las medias, humedecidas por la niebla que fisgonea bajo la falda de tubo. En el cuello, el aliento maloliente de una ciudad que nunca hace la digestión, expulsado por las bocas de las tuberías que penden de las paredes. De repente, siente que pisa algo blando. Sigue. No se detiene a comprobar qué es. No vuelve la mirada. Se sabe vigilada. Al final de la calle se mira un zapato. Le falta una tapa al tacón derecho. Se vuelve. Desaparece entre la niebla calle abajo otra vez. La encuentra. La tapa había ido a parar junto a la llanta de un coche viejo aparcado. La rueda está desinflada. Se agacha y recoge la tapa del tacón, mientras siente un dolor intensísimo en la mano con que la recoge. Aun así no la suelta. Soporta el agudo dolor de la mordida, pero no la suelta. Aprieta tanto el puño que se clava sus largas uñas en la palma. 

    El dolor lo despierta. Enciende la luz. Se mira la mano de inmediato.
        Ni rastro de la mordida en la mano de Nacho.
                                                                 
                                                            Alma amater
(Serie "sueños") 

EL AVE ALFA

 Imagen de www.artelista.com
  Me agaché y recogí su ala.
Ya desde lejos el brillo, aunque rota y huérfana, atrajo mi atención. 
Había caído, triste, de un cuerpo perdido, en vuelo rasante. 
Un cuerpo con vocación de ángel que ignoraba el alcance de sus destellos. 
Y anduvo en soledad. Eso parecía. Yo lo vi, y tardé en reconocerlo. 
A menudo lo veía dormitar  sobre el ala que le quedaba. ¡Quién sabe de sus noches!
¿Y sus ojos?, sus ojos siempre decían la verdad, por eso miraban como achinados, 
así ocultaban su desnudez meliflua. Pero manejaba hábilmente los finos hilos del humor.
Descubrí un día que su sentido del humor era un castillo luminoso,
y sus cimientos, de llanto y vasto sentido del amor, herido y no. 
Le devolví su ala. No fue un regalo generoso. Era suya, simplemente.
Y voló al escenario que siempre le había secretamente  pertenecido. 
Su cómica vis provocó lágrimas de risa al imitar al ave alfa de Estinfalia.
Y el público aplaudió y él sintió sus alas tan ligeras, 
que al fin pudo reconocerse.

                                                                                                                              Alma amater  ©2016